Find the latest bookmaker offers available across all uk gambling sites www.bets.zone Read the reviews and compare sites to quickly discover the perfect account for you.
Inicio / Opinión / BOLIVAR, EL HIPERSEXUAL

BOLIVAR, EL HIPERSEXUAL

Por: JAIME LOZANO RIVERA*

                                                  “Sufrimientos, solo sufrimientos.

                                                  Jesucristo, lo soportó treinta y tres años.

                                                  Yo  cuarenta y siete. Pero Cristo era hijo de Dios.

                                                  Yo solo un ser humano”.

 

Sea lo primero advertir que este artículo que pareciera de “farándula histórica”, es una forma de conocer el lado humano del mayor Héroe de América Latina y ver en dimensión correcta sus méritos, veleidades  y excesos, que los tuvo  y muchos.

“Bajo de cuerpo; un metro con sesenta y dos centímetros. Hombros angostos, piernas y brazos delgados. Rostro feo, largo y moreno. Cejas espesas y ojos negros románticos en la meditación y vivaces en la acción. Pelo negro también, cortado casi al rape, con crespos menudos. Las patillas y los bigotes se los cortó en 1825. El labio inferior protuberante y desdeñoso. Larga nariz cuelga de una frente alta y angosta, casi sin formar ángulo. El General es todo menudo y nervioso, tiene la voz delgada pero vibrante… ” . “… No tiene su aspecto nada extraordinario ni imponente, flaco, bajito, de cara larga, mejillas huecas, color de piel bronceado amoratado, ojos hundidos. Usaba bigotes grandes lo que le daba un aspecto marcial y oscuro especialmente cuando se enfurecía…”. A Juzgar por las descripciones que los Generales José Antonio Páez y Henri Louis Ducoudray Holstein hacen de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar de la Concepción y Ponte Palacios (Vaya nombrecito), éste no fue precisamente un Adonis en apariencia física, empero su educación, elegancia y exquisita forma de expresarse, parecieran haber sido claves en el éxito del prócer en sus conquistas amorosas. Además tenía algo muy importante a su favor, el poder. Creo que fue H. Kissinger  quien con mucho fundamento dijo que el poder seduce; que es el más efectivo afrodisiaco. Es una especie de imán en el que el prestigio y el dinero actúan como poderosas fuerzas magnéticas. Se sabe además que Bolívar  gastaba mucho en Eau de Cologne 4711; que se aplicaba un frasco diario. Todo podía faltar en sus largas travesías, excepto el Agua de colonia. Cuando la fragancia dulce y agradable envolvía el ambiente, se advertía de inmediato su presencia. Hasta su espléndido corcel blanco olía a loción.  Le encantaba también el baile y se preciaba de ser  un eximio danzador. “El baile es  la poesía en movimiento. Siempre he preferido el vals, bailando de seguido horas enteras, cuando me ha tocado en suerte una buena pareja”, le confió a Peru De Lacroix. (Diario de Bucaramanga).  Un crack  en la pista de baile y en la alcoba. Los historiadores Juan  Carlos Vélez Correa en su libro “Bolívar desconocido” y Eduardo Lozano Torres, en “Bolívar, Mujeriego Empedernido”, coinciden en que nuestro prócer  era un hombre de alto octanaje  hormonal. Un infatigable catador de hembras. Los mandamientos 6  y 9 de la Ley Divina, “No fornicarás” y “No desearás la mujer de tu prójimo”, escasa importancia le merecían. Simultáneamente con las guerras libraba placenteras batallas de amor. Entre el olor a pólvora siempre se percibía el Patchuli  de una fémina de paso fugaz y de corazón ardiente. Le gustaba cortejar  tanto que él mismo, entre amigos, se ufanaba  de ser mujeriego. Los encuentros furtivos con mujeres casadas son una constante en su curriculum amoroso.  Cada conquista era la reafirmación de su ego. Durante su periplo, que según Lozano Torres se calcula en ciento cincuenta mil kilómetros a lomo de cabalgaduras, entre  idas y vueltas, fungió como consumado sacerdote en el templo de Venus. A la hora de sus devaneos, no hizo discriminaciones de etnia, nacionalidad, ni clase social. Satisfizo su  libido  en tímidas negras esclavas, en anónimas mestizas, en impúberes campesinas, en ninfas de la aristocracia y en damas de la alcurnia. Amó en todos los climas; en el calor y en el frío. Nueva Granada, Venezuela, Ecuador, Perú, Jamaica, Bolivia, Francia, España e Italia, fueron escenarios de sus escarceos. En esa época pre-penicilina, profanaba vírgenes para evitar el abrazo  del  terrible Treponema Pallidum  que no dejaba dormir a la  conciencia. Algunos biógrafos emplean el término  “Ginecomanìa”, para describir la pulsión sexual del caudillo venezolano. “Erótico sentimental”, es el eufemístico diagnóstico que utilizan los siquiatras que han estudiado su vida. Antaño, sería llamado “sátiro o satiriaco”, hogaño  “hipersexual”. Según el  psicoanalista colombiano Mauro Torres Agredo, Bolívar moralmente no era responsable de tal compulsión Donjuanesca, sino los “genes mutados”, heredados de su línea paterna y que tal proclividad, constituía un sufrimiento, así lo gozara a plenitud, pues se sabe que toda adicción  implica padecimiento. Se trata entonces de un determinismo ciego que no justifica acusaciones ni valoraciones éticas, enfatizó. ¡Pobrecillo!.  Como descendiente de una familia acaudalada, poseedora de vastas extensiones de tierra y cabezas de ganado, el hijo de Doña María de la Concepción y de Don Juan Vicente, (otro libidinoso), tuvo acceso   a la virtud de muchas esclavas e hijas de campesinos que se enorgullecían de que sus hijas  perdieran la inocencia con el hijo del patrono. La historia continúa con sus nueve primas (de segundo grado) Aristiguieta, con quienes se asevera sostuvo “una relación que traspasó los límites del parentesco”; siguió con María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio, conocida  como la güera  Rodríguez, una  afamada vedette mejicana de cabello rubio  y “de armonioso cuerpo y caminar que alzaba incitaciones”; luego vino la madrileña María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alaiza (Tal era el nombre real de la dama), con quien contrajo nupcias, pero la relación duró poco, pues ella lamentablemente murió de una fiebre  tropical (paludismo), ocho meses después de la boda. Bolívar frisaba en los 19 años. Transido de dolor, juró solemnemente  ante el cuerpo inerte de “su amable hechizo del alma” no volverse a enamorar, promesa que equivalió a darse licencia para la lascivia, claro, sin abandonar su ideal que lo llevó también  a jurar en el Monte Sacro la libertad de los pueblos americanos. Entonces comenzaron sus amores fugaces e “innumerables pájaras de una noche”. Tuvo un romance con Fanny Du Villars (prima lejana), a quien llamaba “El elixir de mi alma”, aristócrata parisina casada con un militar. En el puerto de Bilbao (España), conoce a la guapísima Teresa Laisney,  de 18 años, casada con el Coronel peruano Mariano Tristán. Bolívar inunda con su pasión desbordante el corazón de Teresa. Fruto de ese amor será la fundadora del Socialismo, la inspiradora de la Unión Obrera Mundial y la más grande feminista de Francia, Flora Tristán. Vivió también un tórrido amorío con Josefina “Pepita” Machado, una de las agraciadas quinceañeras que lo coronó a lo “Cesar Emperator” en su entrada triunfal a Caracas el 6 de agosto de 1813. Ella, ataviada de blanco, con una diadema de guirnaldas y cintas multicolores, junto con otras vestales, tiraron  el carro de la victoria que  conducía al héroe.  Desde ese día, Bolívar quedó prendado de los frescos encantos de “Pepita”. Igualmente intimó  en Ocaña, con Nicolasa, hermana de Bernardina Ibáñez, a quien llamaba “La Melindrosa”. En las orillas del Magdalena vivió un amor fluvial con una francesita rubia llamada Anita Lenoit de 17 abriles. Al prontuario amoroso se suma la despampanante Aurora Pardo, a quien nuestro Superhéroe  estrecha contra su pecho en un baile y ella muy queda le susurra: “Si tú eres el Libertador? ¡Viva la Gloria!; también gozó del amor exultante de la poetisa peruana  Tomasa de Suero y Larrea, que le escribe poemas en francés. En Cartagena, lo consuela la rubia de ojos azules, Isabel Soublette, hermana del General Carlos Soublette, luego Presidente de Venezuela. Durante su permanencia en Ocaña el Libertador se hospedó  en casa de la familia Jácome, una de las más respetables de la localidad, donde conoció a la guapa y sensual esclava Lucía León. El militar venezolano pidió pernoctar con ella. La familia Jácome no puso reparos, puesto que la condición  de Lucía  no le daba más derechos que el de ser considerada un objeto, aparte que tratándose del ilustre visitante, era un imperativo brindarle una hospitalidad que le proporcionara la más completa satisfacción. En Palmira, Valle, conoce a la hermosa y esbelta Paulina García, de 20 años.  en su primera estadía en el corregimiento de Mulaló (Yumbo), entre la atención que se le brindó se dejó a su disposición las más lindas esclavas, entre ellas,  a la agraciada Ana Cleofe Cuero, quien resultó en embarazo; en la Paz Bolivia, tiene un affaire con la radiante Benedicta Nadal, excelente bailarina de valses; en el Cusco, capital sureña del Imperio Inca, trata a Francisca Zubiaga  de Gamarra, joven de 22 años, conocida como “La Mariscala”, casada con Agustín “El Cholo” Gamarra Messia. Tras cinco meses de intensa pasión, Bolívar se desencantó de ella. Dicen que el temperamento tempestuoso de la cusqueña  fatigó al Genio  de América. Siendo hermosa se creía la Diosa Venus y había que rendirle culto. Al sentirse desdeñada, se dio a la tarea de denigrar del Libertador ; que era petulante, un engreído y un promiscuo que se mezclaba lo mismo con indias que con blancas, pregonaba. Cuando Bolívar emprendió el viaje a Colombia,  Antonio José de Sucre le advirtió  lo siguiente: “Antes de que se me olvide, le diré que Agustín Gamarra es acérrimo enemigo de usted, procuré indagar los motivos y por un conducto muy secreto supe que porque le enamoró la mujer; que ésta misma le había dicho…”. Varios años después, el Cholo Gamarra Messia llegó a ser Mariscal y Presidente del Perú en dos ocasiones. En Guayaquil, el fogoso militar caraqueño intimó con Joaquina Garaicoba, de apenas 16 años y él ya cuarentón. En Arequipa, conoce a Paula Prado, mujer  de porte gitano, ojos negros y  grácil figura que baila en taconeo y mueve los brazos a lo andaluza. A partir de ese encuentro fueron muchas las noches de amor y Olé. En las alturas del Potosí, conoció a María Joaquina Costas, mujer también casada con un General argentino. Años después, en Bucaramanga, Bolívar le confiesa al oficial Peru de la Croix que le consta que no es estéril por lo de Potosí y donde para dejar constancia de su paso y los hechos, se rasuró allí por primera vez los enormes bigotes que le acompañaban. De Delfina Guardiola, beldad exuberante, conocida como “La Bella de Angostura”, se afirma que le cerró la puerta en las narices al Libertador por su fama de mujeriego. Ante eso, éste penetró a su vivienda  por la ventana de la cocina y permaneció tres días hasta convencerla de su amor .También flirteó con Josefina “Pepita” Ustàriz, hija de españoles que permanecían fieles al Rey. Dado el entusiasmo de “Pepita”, se convirtió por varios años en su confidente y secretaria. En igual medida, en aguas de el Callao, a bordo de una fragata, se refociló con la inglesita Janeth Hart. Como recuerdo de aquellos momentos, nuestro galán le regaló una fotografía. Cuentan que unos cuarenta años más tarde, cuando Miss Hart murió soltera, debajo de su almohada se halló dicho retrato. Complementan el portafolio amoroso varios nombres que podrían ser la lista de un liceo femenino: Álvarez de Lugo Josefina, Barros María, Bowvril Janeth, De la Cruz Juana Eduarda, Del Milán Marina, Del Toro Gertrudis, Jiménez Asunción, Jiménez Isabel, López Marina, Pastrono Juana, Sagrario Josefa. Presentes.  En esta cronología de amantes, mención especial merece Doña Manuela Sáenz de Thorne, dueña de una cautivante belleza. Entre ellos hubo feeling desde el primer instante. Fuego inextinguible. El idilio entre éstos era visto con recelo, dado que  ella era una mujer casada y él un hombre viudo. El marido de Manuelita, el médico inglés James Thorne protestó. A nadie le importó. Bolívar se hallaba en toda su Gloria dictatorial. El intercambio epistolar revela la devoción del caraqueño por la quiteña, aunque él  siempre mantuviera otros arrocitos en bajo. En una de esas cartas de Bolívar hay un aparte que dice: “No te vayas, ni siquiera con Dios mismo. Yo también quiero verte y tocarte y sentirte y saborearte y unirte a mí por todos los contactos”. ¡Qué frase tan llena de erotismo!. Enriquece el anecdotario reseñar que en una ocasión “La Generala”, organizaba la cama de Bolívar y al sacudir las sabanas halló un arete de otra mujer. Su histeria fue tal que se le abalanzó al rostro del libertador con tal impetuosidad que tuvieron que intervenir dos edecanes para rescatarlo de las garras de la enfurecida Gatubela. Durante ocho días el rasguñado recibió los cuidados de su “Amada loca”. Tuvo que fingir un terrible resfriado para ocultarse, esperando que le sanaran las laceraciones. Cabe en este punto una digresión. El pobre de Thorne siguió  suspirando por   Manuelita. Le ruega, clama, suplica que regrese a su lado. Qué le vamos a hacer.  Así somos los humanos. Para amar solo se requiere la voluntad de amar. “Por qué te empeñas en que cambie de resolución. No, no y no. ¡Basta!”, fue su tajante respuesta. Varios años después, Thorne muere asesinado y abierto su testamento, todo lo suyo lo deja a disposición de Manuelita, quien rechaza la millonaria herencia y guarda el documento. La concupiscencia de “Longanizo” como era apodado nuestro héroe por la sociedad santafereña, era conocida por todos. Una vez, los españoles – conocedores de su debilidad- casi lo capturan en los Llanos, cuando a manera de carnada hicieron que una pubescente le ofreciera sus favores sexuales. El mantuano se salvó, porque en un pálpito, cambió abruptamente de planes. En otra oportunidad, en una visita a una población del Perú, su Jefe de Estado Mayor, dirigió un oficio a las autoridades locales en el que les pedía que se le alistase a Su excelencia “cómodo y decente alojamiento, con buena mesa, buena cama, etc, etc y etc.”. Los solícitos funcionarios entendieron que  “las tres etcéteras”,  quería decir un trío de damas de compañía que estuvieran dispuestas a satisfacer los requerimientos del  huésped de honor, por lo que procedieron a retener a tres mozuelas agraciadas .Sin embargo, ese día  Bolívar estaba libre de tentaciones, pues venía acompañado de la virginal Manuelita Madroño, una prieta de 18 primaveras. Las jóvenes aprehendidas para complacer al hombre Uno de América, fueron liberadas y se consideró una gran equivocación haber asociado las tres etcéteras con un “Bunga bunga” berlusquiano. Otro día que, el emblemático líder arribó a una población del Perú, le solicitó al Gobernador que le llevase una mujer. Asombrado de tal requerimiento, el funcionario trató de evadirse sin cumplir, pero Bolívar insistió y lo conminó a obedecerlo. No hallando mujer a esa hora, volvió el Gobernador y le dijo que no había visto sino una esclava negra y que él no se había resuelto a hacerla venir a su habitación. Entonces Bolívar, que no concebía mucho tiempo sin tener una hembra a su lado, visiblemente airado le replicó: “Yo le he pedido a usted una mujer y no se detenga en que sea negra o blanca, porque una mujer es lo que quiero”. En la Quinta de La Magdalena, cerca de Lima donde estaba asentado el Alto Estado Mayor, los oficiales veían perplejos aquella pasarela de hermosas mujeres que cumplían presurosas su cita con el carismático  General. Un merecido tributo de un pueblo a su supremo bienhechor, ¡Viva Bolívar!, dirían los apologistas. El libertador, como todos los humanos, también tenía sus pifias y salidas en falso y graves. Relata el político y luego Presidente peruano José de la Riva Agüero, que hallándose cierto día en Lima, en la mesa al tiempo de la comida, Bolívar le platicó a los demás comensales sobre las bondades y atributos físicos de cierta dama casada con un General que había tenido de visita la noche anterior. En ese momento hizo  su aparición el  alto oficial, marido de la susodicha  y nuestro venerado dictador amablemente  lo convidó a sentarse a su lado y le dijo en voz alta que había llegado en buena hora, porque tenía que devolverle a su consorte un collar de perlas que la noche anterior había olvidado en su cama. ¡Hummmm!   El abochornado marido, entre risas de los circunstantes, farfulló algunas palabras, tomó el aderezo y abandonó el salón. Tanto el aludido  General, como el Dr. Thorner, “el Cholo” Gamarra  Messia y muchos otros  maridos, no pudieron más que tragarse ese anuro viscoso y verrugoso. Esa otra faceta de militar cruel y atrabiliario del caudillo venezolano, también era vox populi. La más mínima contrariedad a su autoridad, encendía su ira y terminaba desterrando, encarcelando  y a veces condenando a la pena capital. O sino que nos recuerden los pastusos los trágicos acontecimientos ocurridos en 24 de diciembre de 1822, conocidos como “La Navidad Negra”.  ¡Terrible!   En igual medida, se halla documentado que, el notable estratega  era capaz de retrasar una batalla por una dama. Se asegura que, en una ocasión hizo esperar a su ejército cuatro días en Los Cayos (Haití) antes de zarpar para quedarse más tiempo con Josefina “Pepita” Machado. El fracaso del “Desembarco de Ocumare”, algunos se lo atribuyen debido a que dedicó más tiempo a la ardiente “Pepita” que a sus responsabilidades como Jefe de la expedición. Pero las delicias de las féminas también evitaron un magnicidio. Una noche en Kingston, mientras colmada de besos el cuerpo de la bellísima mulata Julia Crober, el puñal de un traidor penetró en el cuerpo de Félix Amestoy, su gran amigo, quien yacía en la hamaca de una pensión en la que en ese momento debería estar durmiendo el Libertador. El autor de la “Carta de Jamaica” había sido advertido que algo fraguaban en su contra. Su esclavo Pío, confesaría después que unos españoles le habían pagado para despacharlo del mundo de los vivos.  Ya es de imaginar, la suerte del negro Pío.  En el atentado del Rincón de los Toros, escapó gracias a encontrarse fuera del campamento con quien Lozano Torres, llama una “ Anónima llanerita”. Sobre esta faceta de mujeriego, una de las múltiples que tenía el Estadista  venezolano, el General H.L. Ducoudrary Holstein expone lo siguiente: “Es muy apasionado por el sexo y siempre, tiene dos o tres damas de quienes una es su amante favorita  quien lo sigue a dondequiera que él va. Bailar es una diversión de la cual también es muy apasionado. Cuando se queda dos o tres días en un lugar, él baila una o dos veces calzando sus botas y espuelas y hace el amor a aquellas damas que suelen complacerlo por el momento. Luego de estas faenas quedaba exhausto y se recostaba en su hamaca para entretenerse con su amante favorita”. Durante estas jornadas, se sabe, que no atendía absolutamente a nadie y el edecán de turno ya estaba instruido en la respuesta para cualquier requerimiento: “Su Excelencia está profundamente ocupado en el momento y no puede ver a nadie”. Por su  adicción a la compañía de varias mujeres, los asuntos oficiales solían acumularse en manos de su secretario. Cuando se ponía a despachar a toda prisa el trabajo atrasado de 15 o 20 días, dictando a su amanuense, resultaba frecuente que, los decretos del mismo día estuvieran en oposición el uno con el otro, relata De la Riva Agüero. Naturalmente, tan exacerbada  actividad genésica del “Padre de la Patria” debió reportarle méritos demográficos.. Aunque ningún hijo oficialmente reconoció, fuentes confiables aluden a una descendencia múltiple. Que dos, que dos, que tres, que cuatro…que veintitrés, según el Genealógico bogotano  Julio Cesar García Vásquez. Tras la exhumación de sus restos en el año 2010, por orden del entonces Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, mediante pruebas de ADN se busca esclarecer las dudas sobre la progenie del Libertador. Como se ve, fueron dos los delirios del mayor Héroe de América Latina: la emancipación del Imperio español y el yunque de terciopelo en donde a golpes de amor se amasa la vida.

*Abogado Universidad Santiago de Cali

About Cali Cultural

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *