BREVE HISTORIA DEL OLVIDO DEL RÍO CAUCA
FELIPE ANGEL*
Los humanos también poseen una relación simbólica con los ríos, no solamente los usan para pescar, para beber, para el comercio, para la recreación o el riego de los cultivos. Los ejemplos clásicos son el Ganges en la India y el Nilo en el Antiguo Egipto. Más allá de las grandes civilizaciones, esta característica se reproduce en los cuatro puntos cardinales del globo aún con cauces de agua relativamente pequeños. Es hora, tardía por lo demás, de que Cali emprenda una historiografía del devenir de la manera de concebir el Río Cauca con el objeto de volver a visibilizarlo. Quisiera, en este breve espacio, plantear un horizonte probable, a partir del cual la ciudad pueda entablar al respecto un necesario diálogo de saberes. Como aquellos que borran de su memoria a quienes los criaron, Cali donó el Río Cauca al fiero hocico del olvido. No hace poco. Hace más de medio siglo. En 1910 Cali todavía tributaba su identidad al Río Cauca, hacia 1940 se estaba despidiendo de él y para comienzos de 1960 el fenómeno fluvial básico pasó a ser el Río Cali, aunque únicamente en los primeros kilómetros del paso de su cauce entre nosotros, hasta la Calle 25. Aproximadamente a mediados de 1970 el Río Pance desplazó al Río Cali en cuanto a una verdadera integración simbólica de un afluente de agua con la población humana posada a su vera. ¿Cuál fue la causa para que la ciudad le diera la espalda al Río Cauca? En 1910 Cali era poco más que un pueblo; en 1940 era ya una pujante ciudad intermedia y en 1960 varias empresas extranjeras estaban asentadas en estos lares. Lo que imprimió impulso a ese desarrollo urbano fue el mismo agente sociológico y económico que condenó al Río Cauca a lo paulatino del olvido: la apertura de la carretera a Buenaventura. Antes de la Vía al Mar la ciudad estaba volcada hacia el oriente. Por allí llegaba el arroz y la sal, la tela inglesa y el ron de Curazao, los sombreros franceses tejidos en Honda, las novelas de Eugenio Sué y los quejidos sabaneros de José Asunción Silva. La noción de exportación de productos ataba sin remedio sus posibilidades al Río Cauca. El puerto más cercano a Cali era Santa Marta. Con la apertura de la vía a Buenaventura, Cali poco a poco dejó de mirar hacia el oriente. Como los días poseen la misma tozudez paciente con que las gotas, una a una, caen de un grifo defectuoso, ni siquiera nos dimos cuenta de que habíamos olvidado al Río Cauca. Cali es una ciudad que con rapidez saltó de villorrio a urbe. Esa es una de las claves de nuestra identidad actual. Entre otras cosas, implica que hoy nuestra identidad está construida sobre el olvido del Río Cauca. A “desfacer ese entuerto”, como diría Don Quijote, nos enfrentamos. La tarea no es solamente descontaminarlo, no se reduce a controlar las arremetidas de su cauce; todo ello necesario, es cierto, pero también se hace indispensable recuperar el Río Cauca como un referente simbólico integrado a nuestras vivencias identitarias urbanas. Se me ocurre que quizá ayude a que tengamos en cuenta un hecho: sin el Río Cauca la ciudad de Cali no es viable. Simplemente no habría suficiente agua para sus más de dos millones de habitantes. Cerca del 70% de los caleños dependen de su generosidad para beber. La mayoría no cree tener relación alguna con el Río Cauca. Me permito recordarles que, por el contrario, es tan íntima su relación que cuando se duchan sus cuerpos son recorridos por él, que cuando comen lentejas no otras aguas entran a sus estómagos, que cuando usan ropa limpia le deben esa asepsia al río. Salvajina ataja sus aguas para donarnos electricidad. Sin el Río Cauca no se podrían tomar ni un tinto, ni prender un bombillo, ni computador alguno. Reconstruir la noción de esa presencia permanente del Río Cauca en las cuitas de Cali, debe constituirse en uno de los ejes referenciales de la reconstrucción identitaria en nuestra ciudad. El olvido de aquello de lo cual dependemos, he ahí la paradoja central develada por el pensamiento ambiental.
*Director de BioCali. Profesor de la Universidad Santiago de Cali, de la Universidad Autónoma de Occidente y de la Universidad Nacional, sede Manizales.
Articulos Relacionados:


Muchas gracias por estas visiones sobre uno de nuestros recursos olvidados.
gracias madre natura por estods rios
muy bueno el periodico y sus articulos lo mismo que la agenda cultural
excelente reflexion de todo lo que le debemos al agua que nos regala madre natura con estos rios, en especial e el rio cauca