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CASTROCHAVISTA URIBE

Por: OMAR ORTIZ*

Al hoy senador Uribe hay que reconocerle su capacidad para propagar mentiras, falacias, infamias, injurias y calumnias, desde pequeñas etiquetas que resumen una situación que aparentemente no necesita explicación, ya que se da por hecho que todos los que reciben el mensaje saben lo que significa. Nació así la expresión “castrochavismo” que designa el monstruo del comunismo, el caos socialista que fue implantado en Cuba por los hermanos Castro y en Venezuela por Hugo Chávez Frías en contubernio con la dirigencia cubana y que, según el anatema,  tiene postradas a estas dos naciones en la miseria y la abyección.

Para una sociedad como la colombiana, conformada por unas clases medias que escasamente saben leer y escribir, condenadas a un alfabetismo funcional que avergüenza y por un empobrecimiento económico apabullante, propio del sistema neoliberal que inició el ex presidente Gaviria cuando afirmó en su posesión,  “Bienvenidos al futuro”, y que Uribe al llegar a la presidencia, pensó en perpetuar  emprendiendo el desmonte de las instituciones democráticas, buscando implementar  un Estado Corporativo y de Opinión que incluyera la Refundación de la Patria, propuesta en el Pacto de Ralito, nunca ha tenido relevancia que dicho proyecto básicamente consista en gobernar para beneficiar a un puñado de  terratenientes, a los detentadores del capital financiero y a los propietarios de las grandes superficies comerciales, eliminando para tal fin a contradictores y opositores políticos o de cualquier índole, como lo demostró con la creación de verdaderas empresas criminales que tienen en la cárcel a la mayoría de  quienes lo acompañaron en su segundo mandato.

Para lograr este cometido necesitaba proseguir en el poder y al no conseguirlo, imponer un gobernante de pacotilla, un firmón que hiciera posible este cometido. No pudo con Arias, por sus problemas con la justicia y con reticencia apoyó a Santos quien una vez en el gobierno impidió la continuidad del nefasto proyecto y se ganó el odio y el juramento de venganza por parte de la cúpula uribista. Y así, una vez iniciado el proceso de paz con la insurgencia, surgió la acusación de “castrochavista” para quien impidió un gobierno similar al venezolano en nuestro medio, con la diferencia de que los aparentes beneficiados no eran las clases populares sino los dueños tradicionales de los medios de producción y los que llegaron después por las actividades del narcotráfico. Y como la estupidez no tiene límites, buena parte de los colombianos la seguimos repitiendo como loros, como amaestradas y rabiosas cotorras.

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