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CHARLATANES EN EL PARQUE


Por: TOMÁS LATINO*

La fisonomía de las ciudades ha cambiado, los espacios públicos también. El nuevo diseño urbano privilegia el imprescindible tráfico vehicular en detrimento de la calzada destinada al transeúnte. Desde la antigua ágora griega, al medieval atrio de las iglesias, pasando por las plazas, parques, zócalos o campos de Marte, el espacio del tránsito callejero hoy se ha restringido exclusivamente a las peatonales o a los centros comerciales. Quedan pocos lugares que reúnan libremente a la gente, como el parque de San Antonio o el Parque de las Banderas.  En estos la convivencia se da de manera natural y no hay más reglas que las del sentido común. Hay espacio para todo y para todos.

Y en estos lugares precisamente es donde se hacen presentes los artistas populares. Titiriteros, mimos, cantantes, bailarines, malabaristas, cuenteros y payasos confluyen en la única, eficiente y posible alternativa para llegar a un público que no tiene la costumbre ni los recursos para pagar una boleta que les permita ver una sofisticada obra artística en una sala de espectáculos de esta ciudad. Este es un acto cultural de formación de público en el que -vaya paradoja- no tienen participación ni la Secretaría de Cultura del municipio, ni obviamente el Ministerio de Cultura nacional. Estudiantes, amas de casa, empleados, comerciantes y gente del común rodea a estos juglares cada fin de semana en una de las más estables programaciones artísticas del ámbito cultural caleño. Curiosamente esa tarde en el teatrino de San Antonio me encontré con dos ordinarios jóvenes que con grandes voces y a los cuatro vientos gritaban consignas de acercamiento como: “¡vengan los desparchados, los que no tengan algo mejor que hacer, los desocupados, que en breve comenzará la función!” e iban recibiendo al público con esta otra: “Señor, ¿trajo plata?” y “ustedes  (a un grupo) ¿Tienen para pagar la boleta?” y si alguien decía que no, les respondían  “¿entonces, para qué vino?” Luego hacían una -¿graciosa?- alusión refiriéndose a la ubicación de las graderías: “…las de adelante son más caras, las de atrás más baratas y en el muro se pueden trepar los marihuaneros”. Algunos hombres se sentaron expectantes sobre los pequeños muros laterales del escenario y dirigiéndose a ellos estos les hicieron la siguiente recomendación: “ no se pongan allí, pues los pueden atacar unas hormigas cuyas picaduras los vuelven gay”. Era sin duda un deliberado maltrato verbal dirigido a la gente fresca y desprevenida que iba entrando al lugar. Detrás y como fondo del escenario esperaba ansiosa una cuadrilla de vendedoras de papas y de chitos listas para asaltar a los recién llegados. Se iba evidenciando la falta de cultura de estos tipos, la ausencia de ética y estética, la escasez de lo artístico y se perfilaba poco a poco una pequeña banda de callejeros despiadadamente comerciales que exteriorizaban sin vergüenza su voraz apetito monetario. Luego se alternaron tres cuenteros (cuenta chistes), cuyo común denominador fue provocar la fácil risa de un cándido público, modelado por Sábados Felices, quien a través de una profusión de ocurrencias verbales de la más rasa actualidad reaccionaba siempre alegre. Números sueltos, chistes de ocasión, banalidades, show de varieté. Pero lo peor estaba por venir. Remató entonces la tarde un pretencioso payaso “profesional” que armado de globos, diábolos, clavas y una inaudible pista sonora, prometía premios a los niños que incautamente se atrevían a participar en sus escenas. Este hábil vocinglero de siete leguas, que pregonaba haber participado en famosos festivales internacionales fue solo un débil reflejo de los itinerantes culebreros tradicionales cuyos malos trucos se justificaban por su necesidad de vender. Este sujeto no abordó otros lenguajes estéticos, no usó metáforas ni simbolismos, no hizo una narración, no contó una historia, ausente de poesía el grueso verbo de este bufón solo INTI-mido al público expectante que solo añoraba la presencia de verdaderos artistas. Pensé entonces que esto es lo que da la tierra, pero también es lo que se puede mejorar. Estos cuasi comediantes no han entendido además que cuando al finalizar el evento pasan el sombrero pidiendo una colaboración económica lo importante no es el dinero, que la cantidad que aporta la gente debe permanecer discretamente en secreto y no decir como dijo el charlatán “comenzaré por recoger billetes de dos mil” y exigirle de frente a un señor “¿por favor, me cancela?”, pues el óbolo compartido es solo un pretexto para poder vincularse de forma solidaria con el actor callejero. Luego un niño se le acercó ingenuamente al cuentero con una moneda en la mano para echarla en la gorra. El farsante lo paró agriamente y le dijo: “ ¿Quinientos pesos? No peladito, dile a tu papá que yo no soy un mendigo”. Vi entonces como se denigraba el teatro de calle y aburrido abandoné el lugar.

*Mimo y compositor musical. Director de escena y pedagogo artístico. Catedrático de arte, autor literario, realizador de programas radiales y columnista de prensa. Pionero del movimiento de Teatro en la Calle en Colombia y destacado en libros de historia del teatro colombiano.

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6 Comentarios

  1. Ángela Pineda

    Cordial saludo,

    Deseamos conocer los servicios que ofrecen y los costos para estudiar la posibilidad de traer a los estudiantes de bachillerato de nuestro colegio una presentación de cuenteros para el día 17 de octubre de 2014 en horas de la mañana.

    Agradecemos su valiosa y oportuna respuesta.

    Ángela Pineda
    Coordinadora
    3279085
    Liceo Mixto la Milagrosa

  2. Quise decir: peyorativamente. ¡Qué pena, lectores!

  3. Amigo Latino: Eso es cultura a la colombiana y no lo dijo peroyativamente. Cuanto describe está resumido en aquello de “al pueblo circo; porque pan no hay”.

  4. Muy buenas noches, mi nombre es Jose Luis he sido un espectador de los cuenteros por mucho tiempo pienso que el autor estuvo totalmente desubicado, intentando hablar con palabras pretéritas y miserable, engañando al lector para conducirlo a una herrada percepción de lo que realmente son los cuenteros de Cali. Obviamente estos cuenteros hacen lo que realmente debería hacer la secretaria de cultura. Recreando y dando un escape a los habitantes caleños. Sugiero que así como hicieron publico tan absurdos comentarios, así mismo hagan publicas sus disculpas, pues yo como espectador me he sentido agredido por sus expresiones sin justa causa, y aun mas creo que los cuenteros han sido mucho mas heridos por tan horribles comentarios. porfavor, antes de hablar de tan detestable forma, deberia Acercarse ha hablar con esos cuenteros que tanto detesta. que tenga buenas noche, atentamente Jose Luis Universidad San Buenaventura de Cali, Facultad de derecho

  5. Este caso es sencillo, si ud no está de acuerdo con lo q sucede en este lugar… NO vaya, a los jovenes nos gustan estos espacios, espacios para relajarnos un rato en vez de estar en las calles, fumando marihuana, o en parches de bandas q lo unico q hacen es meterse en problemas, por que creo yo, q si uno va una vez, regresa y paga y si ademas no es una persona si no la cantidad de gente q concurre a este lugar, es por q lo aceptamos y si, puede q ud no esté de acuerdo con estos espacios, pero no deberia criticar cosas q a mi parecer solo le molesta a ud y a las personas del espacio publico q no valoran el arte!

  6. muy poco profesional y se nota, pasado de intencion cuando uno decide denigrar de otra persona se nota la sombra tan grande que siente detras
    al fin critico
    que es cualquier persona que simplemente esta lleno de complejos
    viva san antonio viva cuentoluna y vive el verdadero arte de calle
    pdta: me alegra levantar roncha en usted, y cuando quiera lo espero de nuevo en MI TEATRO SAN ANTONIO
    ATTE: MAURICIO BARBOSA EL VAMPY CUENTERO DE LA COLINA DE SAN ANTONIO AH Y GANADOR DE SABADOS FELICES

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