CULTURA VERSUS ENTRETENIMIENTO

Por: CAROLINA SÁNCHEZ FUERTES*
Hace poco en una de las entrevistas que dio el ganador del premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, al diario El País de España, con motivo de su último libro “La civilización del espectáculo”, publicado por la editorial Alfaguara, el escritor peruano cuestionó “la excesiva importancia que se le da al entretenimiento y a la diversión, “la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad”. Como quien dice, colocó el dedo en la llaga de un tema puntilloso, la cultura versus el entretenimiento. En dichas entrevistas el escritor se mostró despectivo con el cine y las artes plásticas que se están haciendo ahora, aseguró que, en ellas, “la frivolización ha llegado a extremos alarmantes” enfatizando que, “la conversión de la cultura es un caos” y “como no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es”. Indudablemente, en sus palabras hay mucho de verdad, sin embargo es necesario hacer algunos matices, empezando por el concepto de cultura que sugiere, y que remite a la llamada alta cultura, ligada al conjunto de saberes y gustos por el arte y las humanidades, como él mismo lo llama “El refinamiento de la sensibilidad”. El concepto de cultura tiene varias definiciones, pero la más aceptada refiere, al conjunto de formas, costumbres, creencias, expresiones, hábitos, prácticas, formas de pensar y actuar, además de las normas de comportamiento de una sociedad determinada. Por su parte, el entretenimiento son todas las actividades que tienen como fin producir placer, distracción y diversión tanto al público como a quien participe de ellas, de ahí que se lo relacione con el ocio y el tiempo libre. El cine y el arte a las que el escritor critica por su supuesta banalidad son expresiones artísticas y culturales y es precisamente en esto último, donde quizás estaría la respuesta a ese banalismo. Ya que como expresiones, responden a los paradigmas, preocupaciones e interrogantes del contexto en que vivimos. De modo que, si la sociedad de ahora es frívola el arte bien puede ser un reflejo o una derivación de ello. Asistimos y hacemos parte de la banalización de la cultura, participamos explicita e implícitamente en la relativización del conocimiento, lo que no debe relativizarse es la expresión crítica y el descontento que sentimos frente al curso que va tomando la cultura. Hay que impedir que las manifestaciones culturales queden relegadas al puro entretenimiento. La disputa entre cultura y entretenimiento nos lleva a otra discusión que tiene que ver con la llamada industria cultural e industria del entretenimiento, la crítica va encaminada a que esta última solo busca fijar la atención de la mayor parte de la población, utilizando la cultura como una especie de producción y circulación sujeta a la lógica del proceso industrial. En esa dirección, la cultura estaría subsumida a la lógica de la industria en la sociedad capitalista, por eso, la insistencia en que entretenimiento y cultura son dos cosas diferentes. El entretenimiento es una actividad que se agota en si misma y en esa necesidad de objetos recurre a la cultura y en ese proceso puede destruirla, mientas que la cultura está vinculada a procesos de durabilidad que trascienden en el tiempo a través de diferentes manifestaciones, incluidas las artísticas. Lo que hace la industria del entretenimiento es alimentarse de dichas manifestaciones culturales y las relativiza sirviéndose de ellas como mercancías según sus necesidades ya que está pensada en satisfacer a la sociedad de masas. Esta industria, se agota fácilmente y para producir nuevos productos, tiene que oxigenarse por decirlo de alguna manera, recurriendo a la cultura, masificándola, y es ahí donde la cultura se ve amenazada, pero no, porque se difunda masivamente, sino porque en ese proceso dichos objetos o expresiones son alterados para el entretenimiento. Eso explica, que los y las que trabajan en el ámbito de la cultura tengan una fuerte antipatía hacía la llamada industria del entretenimiento, empresas e instituciones que producen servicios y productos destinados a satisfacer el ocio. La industria del entretenimiento busca confundirse con la cultura y así, dotarse de valor social y porque no, resolver una cuestión de estatus. La mayor parte de la población está acostumbrada a la comodidad del entretenimiento aunque en las encuestas digamos que nos encanta leer, ir al teatro, ver documentales, pero si somos honestos tendremos que reconocer que la práctica dista mucho de ser así, y en muchos casos, cualquier esfuerzo intelectual resulta casi incompresible para un alto margen de la sociedad. La discusión sobre cultura y entretenimiento está lejos de agotarse, todo lo contrario la rivalidad entre ellos es cada vez más polemizada, y este articulo solo buscaba dar algunas puntaditas invitando al lector a reflexionar sobre el tema.
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