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Hugh Hefner, conocido coloquialmente como Hef, fundador de la revista Playboy, en 1953, ayudó a que el desnudo fuera parte del imaginario colectivo. Pero, más allá de las fotografías de los desnudos Hef convirtió a su revista en un foro para la libertad sexual y la política progresista, abogando por los derechos civiles y la libertad de expresión. Entre sus causas estaban el derecho de abortar y la despenalización del consumo de cannabis. En ese escenario, reivindicó los derechos de la comunidad Lgtb y de los afroamericanos

EL LEGADO DE HEF

Por: JAIME LOZANO RIVERA*

A los jóvenes de los sesenta que usaban gomina y otros fijadores les tocó los encantos y derroche de sensualidad de Marilyn Monroe, Brigitte Bardot, Sofía Loren, Claudia Cardinale, Ursula Andress (la mujer pluscuamperfecta) y Raquel Welch. Después vinieron Bob Derek (La chica 10), Farrat Faucet, Pamela Anderson, Naomi Campbell, Madonna, La Toya Jackson, María Conchita Alonso, Sharon Stone, Cindy Crawford, Alicia Machado, etc. La revista para caballeros circulaba, doblada con la cubierta hacia adentro, entre los compañeros de clases y de la gallada. El afiche central de la “Playmate” del mes era fijado con orgullo en las paredes del cuarto. Fue la suerte de iniciación fetichista a la sexualidad de aquella generación. Hugh Hefner, coloquialmente Hef, su fundador en 1953, ayudó a que el desnudo fuera parte del imaginario colectivo. Esa visión libertina de la sexualidad, subvertía los códigos más conservadoras que regían en los 50’s. Fantasías a granel. El Expresidente Jimmy Carter, el más devoto cristiano-evangélico, confesó haber cometido adulterio en su corazón varias veces. En la esquina se afirma que enseñó a esa generación a leer con una sola mano. Pero, más allá de las fotografías de los desnudos y de la incitación a la pentadáctilar forma de amar, importa señalar que Hef convirtió a su revista en un foro para la libertad sexual y la política progresista, abogando por los derechos civiles y la libertad de expresión. Entre sus causas estaban el derecho de abortar y la despenalización del consumo de cannabis. En ese escenario, reivindicó los derechos de la comunidad Lgtb y de los afroamericanos. Es celebre la reproducción en la revista del conmovedor discurso que dio en Memphis el 03 de abril de 1968 el pastor de la iglesia bautista Martin Luther King, un día antes de ser asesinado por supremacistas blancos. “I have a dream”. También es memorable la entrevista al orador, Ministro religioso y activista Malcolm X donde éste acusa a los blancos de los crímenes de sus compatriotas afros. “El Profeta del Hedonismo”, como lo llamó la revista Time, solía decir que le gustaba mezclar en un coctel un poco de música, de humor e invitar a unas conocidas para una plática tranquila de Picasso, Nietzsche y de sexo. Hef no era ajeno a la cultura. Se graduó en psicología y fue redactor crítico de Esquire, otra revista para hombres y con tradición literaria. Esa combinación de mujeres desnudas bronceadas, con entrevistas en profundidad a personajes de brillo intelectual y creativo como Woody Allen, Salvador Dalí, Paul Sartre, Picasso, Bob Dylan, Román Polansky, Stephen Hawking, Fidel Castro, Andy Warhol, Orson Welles, Charlie García, Jhon Lennon, etc, sazonada con excelente prosa de ficción, aventuras, terror y sexo, fue una idea formidable que pronto posicionó a la revista. En la publicación mensual del conejito ataviado con corbatín, iniciaron sus carreras muchos escritores que luego se hicieron famosos y alcanzaron el éxito. Otros, se rehusaron hacerlo “por principios” o por la desaprobación de sus esposas o hijas que tildaban a la revista de machista, sexista, que cosificaba a las féminas. El novelista estadounidense Ernest  Hemingway era de la opinión que la libertad de prensa que Hef ofrecía no era más que una hábil estratagema empleada para hacerse rico explotando los desnudos de las mujeres más bellas. No obstante, años después la hija y la nieta del autor de “El Viejo y El Mar” fueron portadas de la revista. Qué paradoja. Entre los literatos que se atrevieron compartir número con las bellísimas “bunny’s” y nos deleitaron con sus letras, encontramos al estadounidense Ray Bradbury, quien en 1954 escribió una novela futurista corta por entregas que con el paso del tiempo se convirtió en un clásico del género de ciencia ficción: Farenheit 451. El título hace referencia a la temperatura en esa escala en la que el papel de los libros se inflama y arde. Por órdenes del gobierno, una brigada de  bomberos se da a la tarea de quemar libros en un país en el que estaba prohibido leer. Bomberos pirómanos. Una distopía. Luego, Bradbury escribió “The Vacation”, donde narra la historia de una familia que despierta y advierte que son los únicos habitantes de la tierra. Nadie a la vista, nadie a su alrededor. Viajan en un automóvil por el mundo solos. La situación, en un principio atractiva, luego se torna perturbadora. Por petición de Bradbury su lápida dice: “Autor de Farenheit 451”. En los años 60, el escritor y periodista Alex Haley escribió una autobiografía contada por Malcolm X, desde que era un criminal hasta abrazar el islamismo y resalta el orgullo negro, el nacionalismo negro y Panafricanismo. Muchos años después Haley publicaría una novela que haría historia: “Raíces” y su célebre personaje Kunta Kinte que había sido secuestrado en Gambia en 1767 y trasladado con cadenas a Maryland para ser vendido como esclavo con el nombre de Toby.  Haley afirmó ser descendiente de la séptima generación de Kunta Kinte. También escribió para la icónica revista el autor capital de la narrativa italiana del siglo XX, Alberto Moravia, cuya obra había sido incluida en el index de los libros prohibidos por la jerarquía eclesiástica y la dictadura fascista de Mussolini. Apartes de “La Romana”, una muchacha sencilla y pobre que se gana la vida posando desnuda para un pintor, fueron publicados. La relación de la revista con Vladimir Nabocov comenzó en 1959, tras la publicación de “Lolita” y a partir de ese instante, el escritor ruso que escribía en inglés, publicó en varias oportunidades. Sin embargo, “El origen del Laura”, quedó inconclusa y fue publicada en el magazín de fantasía en 1999. Se afirma que el talentoso moribundo, viendo que no acabaría la novela, antes de despacharse, le pidió a su mujer Vera que no la publicara. Después de la muerte de Vera la decisión recayó sobre su hijo Dimitri. “Por el bien bibliófilo general, desobedezco la orden de mi padre de quemar las 138 fichas de la novela, he decidido publicarla en la Playboy”, declaró Dimitri Nabocov. En 1960, Iam Fleming, escribió varios cuentos para la revista para varones y episodios de su novela “Al Servicio Secreto de Su Majestad”, fueron publicados en varias ediciones. Dos años después, una botella de Ginebra y 70 cigarrillos diarios infartaron al padre de James Bond, el Agente 007. Tenía 56 años. En 1971, la escritora Iraní- Inglesa Doris Lessing, publicó una novela de ficción intitulada “ Report on the threarthed City”, en la que refiere que unos observadores desconocidos enviaron informes sobre una ciudad (presumiblemente San Francisco) que estaba amenazada con la destrucción. Con el desarrollo de la trama se descubre que la amenaza proviene del mundo alienígena. En el año 2007, La autora de “El Cuaderno Dorado” sería galardonada con el Premio Nobel de Literatura. Ese mismo año 1971, nuestro Nobel de Literatura 1982 Gabriel García Márquez publicó el cuento “El ahogado más hermoso del mundo”, en el que narra que en una  pequeña aldea  de pescadores, unos niños descubren flotando en el mar un bulto oscuro y furtivo. Resulta ser un ahogado cubierto de algas marinas. Los hombres no entienden tanto revuelo, hasta que las mujeres admiradas por la belleza, le muestran su masculinidad viril jamás vista. Tiene cara de llamarse Esteban, suspiró la más vieja de las mujeres que lo había observado con menos pasión. Finalmente, decidieron devolverlo al mar, sin ancla, para que volviera si lo deseaba. Después, el incomparable Gabo publicó en la revista “El avión de la bella durmiente”, uno de “Los Doce Cuentos Peregrinos”. Entre 1965 y 1974, Roald Dahl, escritor de tiernísimos cuentos infantiles como “James y El Melocotón Gigante”, “Matilda”, “Charlie y la Fábrica de Chocolates” etc, incursionó en el campo del entretenimiento erótico masculino y narró la historia de un tal tío Henry Cornelius Oswald, “el mayor fornicador de todos los tiempos”. Alude a un millonario entomólogo que con polvo de escarabajo sudanés, crea unas píldoras de extraordinarias virtudes afrodisiacas y funda un banco de semen. En 1974, el novelista, ensayista y periodista Norman Mailer escribió para la revista un reportaje sobre el colosal “Rumble In The Jungle”, rugido en la selva, la pelea por los pesos pesados entre Mohamed Alí (32) y George Foreman (26) en un ring en Kinshasa África. Alí había perdido la corona de los pesos pesados por negarse a participar en la Guerra del Vietnam y haberse implicado personalmente en la lucha de los derechos de la comunidad afroamericana. El combate estuvo presidido por Mobutu Sese Seko, el sátrapa del Zaire (Hoy República Democrática del Congo). ¡Alí Bomayé , Alí Bomayé! (Alí mátalo, Alí mátalo), gritaban enfervorecidos cien mil espectadores. En el octavo asalto Alí noqueó a Foreman. Para muchos el mejor encuentro boxístico de todos los tiempos. Nunca se entendió cómo el irreverente y logorreico Alí, símbolo de millones de negros sin voz, banalizara las atrocidades de Mobutu. Visita su palacio, se pasea en su yate, se pone su túnica. Da vida a uno de los más perversos dictadores del África. Norman Mailer, quien es considerado el pionero del periodismo literario (junto con Capote) cubrió el evento para la icónica revista. Viajó en el mismo avión de Alí para presenciar “una pelea entre negros, en una nación negra, organizada por negros y vista por el mundo entero”. La crónica escrita por Mailer quedó como una pieza antológica de la literatura deportiva. En 1977, se publicó el “Delta de Venus”, de Anais Nin. Entre los cuentos, alude la historia de un cruzado que puso un cinturón de castidad a su esposa y dejó la llave al cuidado de su mejor amigo por sí moría. Apenas había cabalgado unas millas ,cuando vio a su amigo galopando tras él y gritándole ¡ Me has entregado una llave equivocada !. “En la época en que me dediqué a escribir relatos eróticos a dólar la página, me di cuenta que durante muchos años habíamos tenido un solo modelo para este género literario: Los textos de autores masculinos (…) Creí que las mujeres eran más aptas para fusionar el sexo con la emoción y con el amor”, declaró Nin. El novelista neoyorquino Henry Miller encontró en la mítica revista de las conejitas la plataforma para sus novelas Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio. Su obra literaria fue calificada de obscena y pornográfica. El piedracielismo de Miller era del siguiente jaez: “…tengo una empalmada de 15 centímetros. Voy alisarte todas las arrugas del coño. Te voy a enviar a casa con dolor en el vientre y la matriz vuelta del revés…” En 1983, el periodista y escritor Truman Capote, autor del best seller “A Sangre Fría”, escribió un artículo intitulado “Remember Tennessee”, después de que su amigo y dramaturgo William Tennessee muriera atragantado con el tapón de un frasco de gotas para los ojos, el cual debió intentar abrir con los dientes. Capote halló en la revista el escenario ideal para hacer revelaciones sociales y sexuales de las celebridades de Hollywood. “Ese enano marica hijo de puta me aseguró que no diría nada de lo que pedí que no publicara y lo ha puesto todo, lo mataré”, gruñó Marlon Brando, el padrino, tras leer una entrevista hecha por Capote publicada en la revista donde revelaba infidencias sobre su madre alcohólica, su tendencia a la obesidad y experiencias con el psicoanálisis. En junio de 1989, a esa pasarela de mujeres desnudas se adosó la crónica escrita por la sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de 1991, en la que relata la historia de una granjera blanca que tenía un amante negro. El apartheid es el trasfondo omnipresente en las historias narradas por Gordimer. Fue amiga cercana de Nelson Mandela y le ayudó a editar sus discursos contra la discriminación racial. En 1996, el literato peruano Mario Vargas Llosa escribió para la revista “Lituma en los Andes”. Catorce años después, el autor de “La Tía Julia y El Escribidor” recibiría el Premio Nobel de literatura. En igual medida escribieron para la Playboy, Jhon Steinbeck, autor de “Las uvas de la ira” y Premio Nobel en 1962, Harold Pinter, Premio Nobel en 2005, Günter Grass, autor de “ El Tambor de Hojalata”, Premio Nobel en 1999, Isaac Bashevis Singer, Premio Nobel en 1978, Saúl Bellow, Premio Nobel 1976. Ahora nos explicamos la razón por la cual cuando un marido era sorprendido por su mujer con la revista de Hef solía decir: “Cariño, yo la compro por las entrevistas y los artículos literarios”.

*Abogado Universidad Santiago de Cali

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