EL SUR NO EXISTE: SE ANHELA, SE DESEA, SE CONSTRUYE
JUAN AURELIO GARCÍA*
De político tacha el prologuista (Rómulo Bustos Aguirre) la clase de eros que despliega Julián Malatesta en su libro de poemas “Los buenos demonios”. Afirmación tan certera como parcial, al juzgar con un solo ojo un universo a todas luces más denso y rico en su desgarbada y no calculada ambigüedad. Este sesgo crítico sobre las palabras de Bustos Aguirre es, sobre todo, un reproche a la tendencia demasiado marcada aún de abstraer del hecho estético su costado semántico o formal, lo que a la postre, de cara al problema del lenguaje poético y sus soportes, termina por soslayarlo. Por consiguiente, tendríamos que referirnos a cómo y con cuáles materiales teje Malatesta su universo, o de qué clase de sugestiones se vale para sazonarle al lector ese eros que nos señala el prologuista. Inteligente o afortunado, mas siempre de un modo oblicuo, el caucano lo que hace es desplegar un mundo, una ciudad-aldea solar que hace presagiar la geografía, el alma de un Sur simbólico que, por otra parte, mucho se cuida de nombrar; sólo sugerido, sólo imaginado o presentido: La estrella que me guía / Se hace visible en la calle / Es la luz del barrio / Disuelve la sombra de los árboles / Espléndida es su candela sobre las aceras / Brinca y rutila y todo lo descubre… (Esa luz me lleva a tu casa). El alma, el rostro de este Sur, es el amor que preside menos como presencia y más como presagio o deseo, el discurrir de un mundo citadino que parecería moderno de no ser por sus espesos atavismos de creencias y superchería; que parecería impersonal, de no ser por el rostro amable del barrio y de la plaza; que parecería familiar de no ser por las pulsiones recurrentes de lo salvaje o lo no domesticado. A todas luces, un universo paradójico, una versión del Sur sitiada desde dentro por un trópico ebrio de vida y enfermedad, redimido en la espera o en la entrega de su cuerpo ávido en manos del deseo: …Él se prepara para verla llegar / Él la espera en la puerta oriental / Es su amante envuelta en el viento / Es la mujer que le trae la candela / La bola de fuego que todo lo doma / Y esparce ardientes espigas / Y hace dúctil el esplendor del ocaso / Con el trigo sembrado en la aurora (Paisaje con crepúsculo). Por supuesto, no se trata de Un mundo feliz en el cual a cada quien su dosis de amor le es dada; ni es un mundo de lo dado; es un mundo, por el contrario, en el que el amor es una apuesta personal, un dar o un buscarse en el otro y es a partir de aquí donde se intuye el despliegue de ese eros político: ¿Qué celebra este amanecer? / parado en la esquina arroja naranjas sobre los muros / La ciudad presiente una fiesta colectiva / No obstante debemos inventarla solos y con recelo / Se celebra nuestro encuentro / Y lo que ahora ilumina las calles / Son las llamas que encendimos anoche / ¡Dios quiera que no se extingan! (Plegaria). Como si construyendo una poética, Malatesta también –si cabe el término–, construyera “una amorosa” o una erótica de la civita, cayendo sobre la aldea-ciudad con su baño de utopía que contribuye a la armonía de los seres, alucinando como un mito: … Tiene la misión de amarla / Confían los ciudadanos en él / A la hora de su encuentro / Quizá se inicien las faenas amatorias // Amantes y esposos Concubinos y adúlteros / Gocen el cambio de estación / Jueguen con la candela / La fiebre en el cuerpo La eterna la que no se extingue / Y ganen la serenidad / Y venzan la zozobra / Con su fiel compañía Y ahuyenten la ausencia … (Amada adivina). Al final, una reserva: no se confunda el eros político con el eros personal e íntimo; el amor, con la puta de Babilonia; la utopía no es ni consiste en una orgía de todos: … Se ruboriza la matrona / No obstante recibe con descaro a todos los hombres / … No me desquicia no me seduce / En su lecho democrático … // Sólo anhelo tu íntima luz / Deseo la luz de tu cuerpo desnudo y selectivo / Señalando en su hoguera el único camino / Yo amante de tu aristocrático fuego / Excluyente y arbitrario / Lejos del vulgo y de la multitud / De esa candela ciudadana que todo lo invade / Y de esa luz abierta de piernas en el día (La otra luz)
*Docente, poeta y ensayista. Mi poema es más hermoso que el tuyo (1998), Diccionario de humana anatomía (1999), ¡Oh Rossi!, los poemas de la Sierra (2000).
1LOS BUENOS DEMONIOS. Julián Malatesta. 2011. Escuela de Estudios Literarios UNIVALLE. 48 págs. Poesía
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