EL VOTO OBLIGATORIO
Por: ALCIBIADES PAREDES*
Sabemos que Colombia es un país con una gran variedad de fraudes electorales. Los hay de todas las especies: trasteos de votantes, compra de votos, violencia sobre el electorado, manipuleo sobre las urnas, etc. En los pasados comicios hasta vimos que a un mandamás de la política del Valle, que estaba preso en La Picota, salió con permiso de la cárcel y se vino a organizar a sus tenientes electorales. Como es obvio, fue uno de los vencedores de los “comicios democráticos” en nuestra región. Sin embargo, parece que la clase política no se encuentra contenta con los resultados de las últimas elecciones. Y con sobrada razón, porque el índice de abstención es cada vez más alto. No escapa a los dueños del poder que la “democracia” requiere una presencia masiva de votantes, no importa como sean enlazados. Entonces, ¿cómo afrontar este creciente problema de la abstención? A nuestra clase política poco o nada le importa que el mecanismo para resolverlo sea democrático o no. Solo le importa que sea efectivo, que funcione ¿Qué hacer? preguntan los políticos a los “constitucionalistas” de cabecera. Y la respuesta de estos sabios no se hace esperar: el voto obligatorio. Sí. Si obligamos a todos los ciudadanos a votar, aún contra su propia voluntad, es seguro que el fenómeno de la abstención dejará de ser un problema de la democracia colombiana. Pero ¿a qué precio? El sufragio dejará de ser el ejercicio de una libertad política del ciudadano. Más precisamente desaparece una de las libertades más valiosas de la contemporaneidad: ejercer el derecho al voto, o no ejercerlo si así se lo dicta su conciencia. Podríamos afirmar que desaparece la sociedad de hombres libres, y que es sustituida nada menos que por ciudadanos siervos. Estamos absolutamente seguros de que los colombianos no estamos dispuestos a asumir la condición de siervos para salvar la democracia mercantil que nos corroe.
*Abogado Universidad Libre de Colombia – Especialista en temas de carácter político
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La democracia no se soporta fundamentalmente en el acto de depositar un voto en la urna y mucho menos en este país que este tiene ya un precio, sino preguntenle a Yidis Molina que se convirtió en el símbolo de la compra y venta de voto al más alto nivel.
La verdadera democracia se consolida cuando el estado se autodepura y no permite ni el más mínimo acto de corrupción que ponga en tela de juicio su legitimidad.
Si indagaramos cuánto dinero destina el estado en la salud, la educación, en vivienda de interés social, en saniamiento básico, etc. nos damos cuenta que grandes cantidades, pero ¿Cuánto dinero en realidad cumple su verdadero propósito? Poco, ejemplos: defalco a la salud por las EPS, El carrusel de la contratación a nivel de Bogotá y a nivel nacional, obras inconclusas, programas de vivienda robados o mal ejecutados, etc.
Pero no solo eso: Falsos positivos, chuzadas, Agroingreso inseguro, un expresidente que obstaculizó la justicia desde cuando mandaba y ahora que no es nada vive criticando las determinaciones de la fiscalía.
Por favor, para qué voto obligatorio, si los que no votan, no lo hacen porque no están satisfecho con todos esos actos de corrupción y los poquitos que emitimos un voto de opinión, lo hacemos cerrando los ojos y pidiendole a Dios que la persona por la que votamos tenga un poco de valores y principios. Yo por ejemplo vote por el senador Javier Cáseres Leal en aquel entonces y veía como este senador estaba denunciando todo acto de corrupción… Pero.. me dio ganas de llorar cuando me enteré de las noticias de que el hombre salió involucrado con los grupos ilegales.