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HAITÍ: LA LIBERTAD QUE NUNCA SUCEDIÓ SEGUNDA PARTE

Por: MELINA ESPINOSA*

 “En espejismos de tiempos soñados, se convirtió la libertad”

Durante mucho tiempo esta independencia fue tratada como un inexistente dentro de los recuentos históricos, como ya dije anteriormente, en un comienzo por miedo a que se replicara en otras colonias y posteriormente porque de alguna forma no se dejó de ver a Haití como un mal ejemplo. Después de todo lo que hicieron fue en detrimento del poder blanco. Ahora pensando este hecho bajo una óptica propia de aquel tiempo esto claramente fue el mayor de los atropellos. ¿Cómo era posible que un pueblo de negros esclavos –seres sin alma–  se sublevaran contra los blancos cuyo dominio era algo incuestionable? ¿Cómo era posible que los esclavos que se pensaban como salvajes pudieran liderar tremenda revolución? Difícilmente se podía llegar a buen término cuando después de liberarse de los blancos quedaron atrapados en un conflicto interno que los condujo en más de una ocasión al fratricidio, factor que resulto de suma utilidad para todos aquellos que los denominaron como ciudadanos de segunda categoría. Llegar a la independencia no solo costó vidas, también les costó continuar cargando a través de los siglos el estigma del que hoy por hoy aún no logran desprenderse.  Un ejemplo claro fue en 1937, cuando el dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo Molina, ordenó la masacre de todos los haitianos que se encontraban en el país, argumentando que estos le quitaban el trabajo a los dominicanos, que ultrajaban a las mujeres y que se habían convertido en un mal ejemplo para la sociedad por las diversas prácticas culturales que llevaban a cabo. Si bien la “intervención estadounidense” demando que se frenara tal atrocidad, Trujillo continuó con ella hasta 1938. Se cree que el número de haitianos asesinados oscila entre 3000 y 5000; a esto le podemos sumar los niveles de afectación frente a los desastres naturales que, si bien estos no se pueden controlar, si se pueden crear planes de contingencia. Claro está que ello depende de la voluntad política de sus respectivos gobiernos bastantes corrompidos. El aspecto político es aún más complejo. Esta es una nación que, hoy día, aún no ha logrado instaurar un sistema de ordenamiento estatal lo suficientemente favorable para su sociedad, hecho que se ha convertido en una puerta constantemente abierta para todos aquellos que deseen abusar de esta nación.

Todo esto nos demuestra que la libertad después de todo se acerca más a una invención cuya finalidad no es otra que legitimar acciones que paradójicamente atentan contra ella misma. Si realmente nos replanteáramos esta noción, podríamos comprender que la libertad que “guió” a los procesos revolucionarios independentistas, no fue más que una quimera. La esclavitud fue abolida, es cierto. Empero cabe preguntarse si realmente esto implicó la libertad para las comunidades negras.  Acaso hoy por hoy, no continuamos hablando de racismo? ¿No continuamos categorizando a los seres humanos dependiendo de su “raza”? Se dejó de ser esclavos en términos mercantilistas pero no en términos de la opresión de un ser humano por otro. No hay libertad realmente, más que la que nos permitimos dentro de nuestra propia imaginación, aquella que claramente nos permite soñar con un mundo mejor, pero que debemos replantearnos cuando de orden social se trata. El caso de Haití no es un caso aislado, puede que sus inicios disten de otros, pero su esencia continua vigente dentro de muchos grupos humanos que aún son explotados en nombre de los intereses de la aún existente y autoproclamada “raza blanca”.

*Pintora. Cursó dos años de Historia (Universidad del Cauca). Estudiante de criminología. Bailarina profesional.

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