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LA JURA DE LAS CONSTITUCIONES

TEMAS SOBRE EL BICENTENARIO – LA VERDAD DE LA INDEPENDENCIA

LA JURA DE LAS CONSTITUCIONES

Por: CHRISTIAN CAICEDO DE LA SERNA*

Finalizando el tema de LA VERDAD DE LA INDEPENDENCIA, a solicitud de los lectores de CALI CULTURAL, este se refiere a lo relativo a las Constituciones de Cundinamarca y 1821 conocida como de la Gran Colombia y el juramento que se hizo en Cali en 1813, de fidelidad a la Constitución de Cádiz y a Fernando VII. El 30 de marzo de 1811se dictó la Constitución de Cundinamarca, promulgada el 4 de abril; Jorge Tadeo Lozano de Peralta y Manrique, Presidente Constitucional del Estado de Cundinamarca, Vicegerente de la persona del Rey Fernando VII, obrando en nombre del monarca, ordeno a Tribunales, Justicias, Corregidores, Jefes y autoridades, así civiles como militares y eclesiásticas, que guarden, hagan guardar, cumplir y ejecutar en todas sus partes la Constitución o pacto del pueblo cundinamarqués. Lozano fue Vicepresidente de Cundinamarca y Vicegerente del Rey hasta el 19 de septiembre de 1811 en que fue derrocado por el pueblo. El 6 de julio de 1816 luego de seguírsele consejo de guerra, le fueron confiscados sus bienes y se le condenó a muerte, siendo ejecutado en la Huerta de Jaime. Entre tanto, la Asamblea Constituyente Española, más conocida en Europa y América como Cortes de Cádiz, estructuraba una Constitución que rigiera a todo el Reino obviamente incluyendo a América; tal constitución –que fue la primera en la historia de España y de las primeras en el mundo- fue de carácter liberal radical y de lucha por la independencia del dominio francés; se promulgó el 19 de marzo de 1812 y se conoció como “La Pepa”, pues ese día se celebra la festividad de San José. Su fundamento de gobernabilidad era el principio de la soberanía nacional y la monarquía, sometido y limitado por la división de poderes. El 14 de noviembre de 1813, el Alcalde Ordinario y último Alférez Real de Cali Manuel Antonio de Buenaventura y Martínez de Ibarguen -tatarabuelo paterno y materno de mi padre y cuñado de Ignacio de Herrera y Vergara, de bandos disimiles, Buenaventura afecto a las Cortes de Cádiz y Herrera a la Juntas de Gobierno de ciudades o regiones-, juró en la Plaza Mayor, en compañía del Cabildo Justicia y Regimiento, prelados y pueblo de Cali, la Constitución de la Monarquía Española proclamada por las Cortes de Cádiz y fidelidad al amado Rey Fernando VII, cuyo busto bajo solio presidió el acto, como consta en actas del Concejo de Cali y de los conventos y en la casi bicentenaria placa en piedra de cantera que dice: «Plaza de la Constitución jurada en 14 de Noviembre de 1813», la cual fue fijada sobre la fachada de las casas consistoriales y hoy está incrustada en la fachada del Palacio Nacional sobre la calle 12. Ese día y los siguientes, tres años y cuatro meses después de la supuesta Independencia Colombiana de España -20 de julio de 1810-, el Cabildo, Justicia, Regimiento, comunidades religiosas, curas, vecinos de las parroquias y viceparroquias y pueblo en general de Cali, en varias solemnes ceremonias, juraron fidelidad al amado Rey Fernando VII y venerable acatamiento a la nueva Constitución de la Monarquía española. Para tan excelsas efemérides, el 17 de noviembre de 1813, el Comendador de la Real y Militar Orden de la Santísima Virgen María de la Merced de la Redención de Cautivos en Cali, Fray Manuel González, practicó en el Convento –renombrado Convento de San Ramón Nonato-, «el reconocimiento de la sabia Constitución Española» –como reza el acta-, ordenando se hiciera repicar tres veces las campanas de la iglesia de la Merced para llamar al pueblo y estando este congregado en el templo, celebró solemne misa de acción de gracias, luego de la cual «tomó a los religiosos de su obediencia el juramento de fidelidad a la Constitución y al Rey Nuestro Señor (que Dios guarde) el que prestaron puestas las manos sobre los Santos Evangelios», rematando con solemne Tedeum según apuntó el Notario Apostólico del Convento mercenario en el acta que levantó y firmó, copia de la cual fue enviada como por un tubo a la justicia de Cali, para que a nadie le quedara  duda de que los santos frailes no eran afrancesados sino amantes de su patria y de su Rey Fernando hasta la muerte. Esta es inocultable realidad -en prensada sinopsis- aunque la historia de Colombia haya enseñado tendenciosas barbaridades durante casi doscientos años, manteniendo engañado al pueblo para armar sin estorbos seudo-altar con nuevos dioses e imponérselo. Si finalizando 1813 sucedió esto en Cali por gobierno afecto al Consejo de Regencia, bando contrario a quienes firmaron las actas de 3 de julio de 1810 y 20 de julio de 1810 –aunque ambos sectores eran seguidores de Fernando VII-, es absurdo pretender que estas actas crearon los tan cacareados gritos de independencia de España, tanto de Cali como de Colombia; lo cierto –así algunos patrioteros se rasguen sus vestiduras-, es que en ambas actas, se reafirmó fidelidad al Rey Fernando VII y conservar estos dominios para él; caleños y santafereños, prometen luchar dando su vida si es necesario, para quitarse de encima al usurpador Napoleón, a quien los cabildantes americanos –incluido Caicedo y Cuero-, llaman “el monstruo de Europa”. La Plaza Mayor de Cali, desde el 14 de noviembre de 1813, tal como consta en la citada placa de piedra, se llamó Plaza de la Constitución hasta el 26 de enero de 1913 en que se situó en ella el bronce de Joaquín de Caicedo y Cuero, obra del escultor francés Verler, tomando desde entonces el nombre de Plaza de Caicedo. Hay que señalar que el 22 de diciembre de 1813 hubo un levantamiento popular en Cali, arrancaron la placa y la tiraron al fondo del solar de las Casas Consistoriales, en donde la maleza y el pasto la cubrieron; en 1866 la reencontraron y la arrinconaron sin darle importancia y en 1888 Espiritusanto Hoffman creyendo que se trataba de la Constitución de Cundinamarca, se dio a la tarea de hacerla colocar de nuevo en la fachada como lo logró, sin imaginarse que es el único monumento realista que Cali tiene. Al retornar Fernando VII al poder, por Decreto de 4 de mayo de 1814 declaró nulos “y de ningún valor ni efecto” la Constitución de 1812 y los decretos expedidos por las Cortes y erradamente se encausó en mediocre gobierno absolutista que duró cerca de veinte años y facilitó la Independencia de las provincias americanas. En el primer Congreso General de Colombia celebrado en Cúcuta el 30 de agosto de 1821, se dictó “en el nombre de Dios Autor y Legislador del Universo” –ya no del amado Rey Fernando VII-, la Constitución de la República de Colombia, determinando que “la nación colombiana es para siempre e irrevocablemente libre e independiente de la Monarquía Española y de cualquiera otra potencia o dominación extranjera y no es ni será nunca el patrimonio de ninguna familia ni persona.” Esta Constitución la firman entre otros, Joaquín Fernández de Soto, José Antonio Borrero, Vicente Borrero y la sancionó Simón Bolívar y sus ministros “en el Palacio de Gobierno de Colombia en el Rosario de Cúcuta el 6 de octubre de 1821”. Aunque al final de tal constitución se anota “undécimo año de Independencia”, lo demostrado en las publicaciones de CALI CULTURAL de junio hasta esta última entrega, enseñan que dicha frase es absoluta falacia.

*Escritor, investigador histórico, poeta, conferencista, director de emisiones radiofónicas culturales. Caballero Comendador de Número de la Imperial Orden Hispana de Carlos V; Caballero Protospatario de la Celsísima y Augustísima Orden Imperial Byzantina de Grecia de San Eugenio de Trebizonda.

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