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LAS CIUDADES AMIGAS DEL VALLE DEL CAUCA

Por: CHRISTIAN CAICEDO DE LA SERNA

Al siguiente día del 20 de julio de 1810 en que se creó la Junta de Gobierno de Santafé, la cual juró “derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada religión C A R, nuestro amado monarca Don Fernando VII y la libertad de la patria”, acta que falazmente aparece como de Independencia de Colombia, esta repudió al Consejo de Regencia y ratificó su amor por Fernando VII “a cuyo nombre mandaría la Junta Suprema, por todo el tiempo que durara la cautividad del Rey, conservándose unida a la nación española”. Luego Cartagena, Santa Marta, Antioquia, Mariquita, Pamplona, El Socorro, Chocó, Neiva, Casanare y Tunja crearon juntas independientes, como en poblaciones peninsulares que no reconocían a la Junta de Gobierno de España. Popayán formó su junta el 5 de agosto de 1810 con Tacón y el Comisionado Regio Montufar. Joaquín de Caicedo y Cuero para no unirse a la Junta de Popayán, fraccionó el Cauca y pretendió crear nueva provincia llamada Quimbaya, capital Cali; la junta de Popayán pronto se disolvió. Caicedo había cometido magno error que se tradujo en larga guerra civil que asoló a la provincia de Popayán hasta época de la República. Las juntas creían que España era francesa y no había reversa; pero la lucha por sacar de la Península a los franceses, al Rey José Napoleón y lograr la liberación de Fernando VII, arreciaba. El 12 de noviembre de 1810 volvió a reunirse el Cabildo de Santafé para decirle al pueblo que “de vasallos de los reyes de Castilla vosotros ibais a caer en manos de los pérfidos franceses o a ser siervos del primer ambicioso que supiese aprovecharse de las circunstancias. Mientras el pérfido Napoleón destrozaba el cetro de nuestro adorado Fernando, sus mismos vasallos deseaban levantar sobre nuestras cervices el fastuoso trono de la oligarquía… Obramos hasta dejar establecida la Suprema Junta que el pueblo deseaba y pedía a voces para asegurar su libertad, seguridad y defensa”. El 1 de febrero de 1811, en la Sala Consistorial de Cali se formó la Junta Provisional de Gobierno de las Seis Ciudades Amigas del Valle del Cauca –conocida como de las Ciudades Confederadas-, convocada por el Cabildo caleño, el Vicario Eclesiástico, Prelados, Cuerpo Militar, empleados de rentas y todo el pueblo, ante el peligro amenazante de Francia, los acosos del Gobernador Tacón, la interceptación de la correspondencia, los alistamientos y acuartelamientos de tropas, mientras las ciudades amigas del Valle del Cauca no habían ejercido acciones para su defensa y seguridad. El acta dice que ni los devotos del gobernador conocen “las justas miras de estos pueblos y la necesidad de su independencia, la de liberarse del yugo francés y conservarle estos dominios a nuestro legitimo Soberano el señor don Fernando Séptimo”, por lo que acuerdan “de común consentimiento y de su libre y espontanea voluntad, formalizar un cuerpo… que concentrase en un punto la autoridad y pudiere obrar legalmente en todos los pueblos con la energía y celeridad que demandan las circunstancias.” El alcalde de Cali Molina Rendón, en breve arenga, expresó “que iba a poner a estos pueblos en el pie más respetable de defensa y a libertarlos de las asechanzas de los enemigos domésticos que minan ocultamente y tratan de vender la patria. En cuya virtud, puestos de rodillas los señores vocales presentaron juramento en manos del mismo señor alcalde presidente por Dios nuestro señor, la santa cruz y sagrados evangelios, ofreciendo cumplir bien, fiel y legalmente sus respectivas diputaciones y ratificando la defensa de nuestra Santa Religión sin permitir otra, fidelidad y vasallaje al señor don Fernando Séptimo nuestro amado soberano y conservar estos lugares para el mismo sacrificándose gloriosamente por la patria”. Firman José María Cabal por Caloto, Joaquín Fernández de Soto por Buga, Fray José J. Meléndez por Cartago, José María de Cuero por Anserma, Fray José J. de Escobar por Toro y Joaquín de Caicedo y Cuero por Cali, además de Jerónimo Escobar, Francisco Cabal, José Fernández de Córdoba, Ignacio Mateus Polanco, José María Mallarino, Domingo Pérez de Montoya, Juan Ignacio Montalvo, José Alomía, Gregorio Camacho, Fray Hipólito Garzón, Fray Pedro de Herrera, Fray Manuel Palacio, Cristóbal de Caicedo, Francisco de Perea, Nicolás del Campo, Juan Antonio de Dorronsoro, Martin Guerra, José Joaquín Vélez, Francisco A. Fernández de Córdoba, José Borrero, José Antonio Borrero y Francisco Molina Rendón, jurando obediencia el Cabildo, el Coronel Comandante General Antonio Baraya, el clero y demás oficialidad por el cuerpo militar. El 3 de febrero de 1811 se eligió Vicepresidente de la Junta a Fray José J. de Escobar, Secretario a Joaquín de Caicedo, titular y patrona de la junta y Capitana de las tropas” a la Virgen de las Mercedes y presidente honorario a Baraya. Ya había tropas acuarteladas en Buga “en obsequio y servicio del Rey y de la patria”, consideradas hostiles por el gobernador Tacón, quien según el acta “ha pretendido usurparse la soberanía del señor don Fernando VII”. Un día después, la Sala Capitular de Buga avisó a la Junta de las Ciudades Confederadas que mantiene “en disciplina los 200 hombres que fuera de oficiales, tambores y soldados supernumerarios están acuartelados hasta nueva orden, pues ya estaban prontos para salir el 7 del corriente y hallándose parte de la tropa en el sitio de Llanogrande por evitar mayores gastos e incomodidades el señor alcalde, presidente y comandante dará las oportunas para los mismos fines”. Firman Ospina, Salcedo, Domínguez, Quintana, Serrano, Martínez y el Escribano Santacoloma. Entre tanto en España, las Cortes –que duraron de 1810 a 1814- en febrero de 1811 fueron a Cádiz y se reunieron en la iglesia de San Felipe, con delegados de España, Filipinas y América; eran menjunje de realistas progresistas, absolutistas, jovellanistas, liberales y afrancesados –una congregación más peligrosa que una bomba-; derogaron el tributo indígena en 1811 y eliminaron la mita y el servicio personal en 1812, ordenes que no se aplicaron en América, pues de hacerlo, sería bestialidad perder los criollos la dócil, servil y sumisa indiada que durante 280 años habían explotado. Hasta fusileros mandaron al Raposo en abril de 1811 cuando los esclavos pedían su libertad. Esto reafirma por qué en Colombia la esclavitud se conservó hasta el gobierno de José Hilario López, en el cual a la fuerza se aprobó la Ley de manumisión desde el 1 de enero de 1852. Apenas hace 158 años se le quitaron las cadenas a indios y miles de negros, mulatos y mestizos con dueño. Esto es, en síntesis, la verdad de la Independencia. Las actas y escritos de las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca en 802 folios manuscritos que guardo en mi archivo, son testimonio ineludible de que los patriotas que allí firman, son realistas convencidos que nunca dejaron de jurar fidelidad a Fernando VII y lealtad al Reino. Cerca de 1000 páginas no mienten.

*Escritor, investigador histórico, poeta, conferencista, director de emisiones radiofónicas culturales. Caballero Comendador de Número de la Imperial Orden Hispana de Carlos V; Caballero Protospatario de la Celsísima y Augustísima Orden Imperial Byzantina de Grecia de San Eugenio de Trebizonda.

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