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LETRAS CAUTIVAS

Por: JAIME LOZANO RIVERA*

Ciertamente, la privación de la libertad, es  una de las experiencias más desagradables y traumáticas que pueda vivir un ser humano. El presidio expone al individuo a la separación familiar, de la pareja, de los amigos, del trabajo, de su entorno social y lo somete a un ritmo de horario y circunstancias hostiles no deseadas. Ese efecto desocializante y despersonalizador necesariamente debe dejar una huella indeleble por el resto de la existencia. La historia revela que reconocidos hombres de letras, por su comportamiento al margen de la ley, otros por expresar abiertamente su ideología o sexualidad ora por trampas del destino, durante un tiempo de su vida estuvieron  presos. Sea por los motivos que fueren, lo cierto es que algunas de las más importantes obras de la literatura fueron pensadas, gestadas y escritas a la sombra. Entre esos literatos  que encontraron la musa o por lo menos ésta fue obsecuente con ellos en la celda, podemos mencionar a Don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), el escritor más importante de la literatura castellana. En 1597, tras ser investigadas las distintas cuentas que llevaba como recaudador de impuestos, fue encarcelado en Sevilla, sindicado de apropiarse del erario y condenado a cinco años de presidio. En el prólogo del Quijote deja entrever que lo empezó a escribir estando detenido, “ Y, así ¿qué podía  engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcelen donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación ?”. Otro escritor que afrontó líos judiciales a causa de sus críticas no solo contra el gobierno sino también contra la iglesia fue François Marie Arouet (1694-1778). Sus escritos, en contra de la aristocracia de la época  le merecieron  varios encarcelamientos y exilios. Durante sus 11 meses de huésped obligado en la Bastilla, adoptó el  seudónimo de Voltaire, inició su epopeya “La Henriada” y terminó su primer drama, Edipo. Esta experiencia intramural se verá reflejada en su actitud irreverente, rebelde y burlona frente a las instituciones y la iglesia. Una vez liberado se exilió en Inglaterra. En 1849, el escritor y novelista Fedor Dostoyevski  (1821-1881 ) fue arrestado y encarcelado  bajo el cargo de conspirar contra el Zar Nicolás I. Condenado al fusilamiento, finalmente su pena fue conmutada por cinco años de trabajos forzados en Omsk, Siberia. Las tensiones en ese periodo se  somatizaron en un cuadro epiléptico que lo acompañó  por el resto de su vida. Los expertos coinciden en que si bien no fue lo mejor que le pudo pasar a Dostoyevski,  la permanencia en la cárcel influyó en su desarrollo de escritor y pensador. De esta amarga experiencia nacieron novelas como “ Crimen y Castigo” y “Los Hermanos Karamazov”. En 1873, el bardo francés Paul Verlaine (1844-1896) presa de celos le descerrajó dos disparos al también poeta Arthur  Rimbaud, hiriéndole en la muñeca izquierda. Como consecuencia, Verlaine fue arrestado y encarcelado en Mons, donde sufrió una especie de conversión al cristianismo. Durante sus dos años de encierro escribió la “Mística Noche”. Después reconocería que la cárcel le había sentado bien. El Príncipe de los libertinos, Donatien Alphonse François, más conocido como el  Marqués  de Sade (1740-1814), autor de “Justine”,“ Las 120 jornadas de Sodoma” y “Filosofía en el Tocador”, entre otras, fue encarcelado y permaneció 27 años de su vida en diferentes fortalezas y asilos. Refiriéndose a su largo encierro dijo: “Los entreactos de mi vida han sido demasiado largos”. Quizá de no ser por el prolongado cautiverio durante su existencia, el Marqués  nunca hubiese sentido necesidad de explorar en sus escritos los caminos de la perversión y el libertinaje. A los muros carcelarios le debemos el privilegio de haber forjado, -como dijo Apollinare-  el espíritu más libre que jamás haya existido. Por su parte, el poeta y dramaturgo Irlandés  Oscar Wilde (1854-1900) uno de los escritores más celebres del Londres victoriano, fue sometido a juicio con cargos de indecencia grave contra Lord Alfred Douglas (conocido como Bosie) por los que fue condenado a dos años  de trabajos forzados, primero en Pentonville, después Wandsworth y finalmente en Reading. Oscar conoció a Douglas en una fiesta y enseguida  quedaron prendados, comenzando una amistad jalonada por invitaciones y viajes. El Marqués de Queensberry, hombre temperamental y padre de Douglas vio como una amenaza la proximidad  del escritor que estaba en la cima de la popularidad con “La Importancia de llamarse Ernesto” y lo acusó  de sodomía. En un primer momento no se le permitió usar pluma y papel, pero más tarde sí, por lo que estando en el panóptico escribió su famosa carta a Douglas publicada póstumamente con el título “De profundis”. Asimismo, escribió  “La Balada de la Cárcel de Reading”, poema que parte de un hecho real, el ahorcamiento del antiguo soldado de la Guardia Real de Caballería, de 30 años de edad, Charles Wooldridge, reo acusado del degollamiento de su amante. La ejecución de Wooldridge (Conocido como CTW en el poema)  tuvo un profundo impacto en el autor de “El Retrato de Dorian Gray”. Wilde destaca que, pese a lo horrendo del crimen, la prisión y el ajusticiamiento no es menos brutal. En 1939, el insigne  poeta, que escribe a través de sus tres  heridas, la de la vida, la del amor y la de la muerte y que formaba parte del bando republicano, Miguel Hernández Gilabert (1910-1942), trató de  cruzar la frontera con  Portugal por un paso clandestino cerca de Rosal en la provincia de  Huelva, pero fue detenido por la policía lusa y  entregado a la guardia civil que lo reconoció como activista rojo. La dictadura franquista lo acusó  de rebelión y le impuso la pena capital como castigo. El poeta de Orihuela no le revela  a su mujer Josefina Manresa su situación de condenado, antes bien intenta mantener el ánimo. “La Vita è Bella”, diría Roberto Benigni. La sentencia, ­sin embargo -debido a la presión ejercida por diferentes personalidades- fue sustituida por una condena de 30 años de prisión. Mientras se hallaba preso escribió “Cancionero y Romancero de Ausencias,”, donde expresa su hondo pesar por la separación de su mujer  “Tu risa me hace libre, me pone alas, soledades me quita, cárcel me arranca…”. Estando en prisión, Josefina le envió una carta en donde le refería  que solo tenía cebolla  y pan para comer y el vate en respuesta compuso las “ Nanas de la Cebolla”. La falta  de higiene y salubridad de la cárcel favorecieron la expansión en su organismo de la tuberculosis. Ya no tenía fuerzas ni para acudir al locutorio para platicar con Josefina. La parca lo abrazó a los 31 años en una cárcel de Alicante. En la pared de la enfermería donde agonizaba barruntó su último verso “Adiós, hermanos, camaradas, amigos; despedidme del sol y  de los trigos”. Uno de los grandes escritores rusos del siglo XX, Alexander Solzhenitsyn (1918-2008) en “Archipiélago Gulag” denuncia los mecanismos de represión (sistema penitenciario y  policía secreta) del Estado estalinista de la desaparecida URSS. El Nobel de literatura (1970) describe en su obra “los Campos de reeducación”, donde fueron internadas millones de personas durante la segunda mitad del siglo XX. El Partido Comunista soviético cambió el término “Campos de concentración”, comúnmente usado por el eufemismo “Campo de trabajo correctivo”. Solzhenitsyn, que estuvo confinado en una de esas instalaciones, reconstruye minuciosamente un viaje a través del miedo, el dolor, el frío, trabajo forzado, el hambre y la muerte con los que el régimen totalitario acalló a la disidencia. Muchos años más tarde,  Solzhenitsyn reconoció que la experiencia de reo había sido un factor clave en su obra creativa. En 1927, el excelente narrador y ensayista cubano Alejo Carpentier (1904-1980), autor de “El Reino de este mundo” y “El Siglo de Las luces”, fue encarcelado  durante siete meses por firmar un manifiesto contra el dictador Gerardo Machado. Fue en la penitenciaría  donde escribió “¡Ècue Yamba O!” (Dios alabado seas), su primera novela, cuyo eje temático es el folclor y mitología afrocubana. La sucesión de regímenes no democráticos en los últimos siglos en la isla, ha puesto tras los barrotes a numerosos escritores. Las mazmorras, el exilio y el suicidio han sido una constante en la historia insular. En tal dirección, el poeta y  novelista Reinaldo Arenas Fuentes (1943-1990), narró su experiencia en la cárcel en “Antes que anochezca”. Arenas sufrió la persecución no solo por su declarada homosexualidad, sino por resuelta oposición al gobierno. Fue de los pocos que se atrevió a exigirle a Fidel un plebiscito. En 1980, Arenas logra salir de la isla a través del éxodo del  Mariel. El 7 de diciembre de 1990, Arenas en su apartamento en Manhattan, preparó un coctel de alcohol y pastillas que lo abocó a la oscuridad de la nada de la que venimos,  no sin antes  redactar  una sentida carta en la que culpaba a Fidel Castro de todos los sufrimientos que padeció. “Cuba será libre. Yo ya lo soy.”, se despachó. Una década después, el actor  español Javier Bardem se puso en la piel del poeta cubano en la versión cinematográfica dirigida por  Julián Schnabel,  “Before Nigth Falls”. El excomandante  Huber Matos Benítez (1918-2014)  quien  peleó junto a Fidel en  Sierra Maestra y llegó  a ser uno de sus hombres más cercanos, también pasó dos décadas de su vida en cárceles cubanas por diferencias ideológicas. El delito cometido por Matos fue haber enviado en enero de 1959, una carta de renuncia a Fidel donde expresaba su inconformidad por el rumbo marxista  que estaba tomando el proceso revolucionario, contrario a la predica inicial de derrocar a Batista, restablecer la democracia y convocar a elecciones. Vaya afrenta. Mientras el Che Guevara y Raúl Castro pedían paredón por traición y sedición, Fidel prefirió un prolongado encierro, explicando que “no deseaba convertirlo en mártir”. Durante su cautiverio, Matos escribió “Cómo llegó la Noche”, donde narra las torturas extremas durante sus 20 años  preso. Entre tanto, el novelista, poeta y periodista bogotano  Álvaro Mutis Jaramillo (1923-2013) estuvo 15 meses detenido en el Palacio Negro de Lecumberri, Méjico por haber dilapidado en juergas con amigos y guapas mujeres, 100 mil pesos  de la multinacional Esso donde fungía como jefe de relaciones públicas. Durante el presidio escribió la novela intitulada “Diario homónimo”, en la que describe el mundo sórdido del centro de reclusión. Acostumbrado desde niño a la Dolce vita, la cárcel fue  una experiencia traumática. Meses antes de lo previsto, en la navidad de 1959 terminó esa  pesadilla que cambió  su vida para siempre, le dio mayor profundidad a sus intuiciones poéticas y definió el destino que lo condujo al “Premio Cervantes” (2001),  pues como él  mismo  lo afirmó, sin el carcelazo de Lecumberri ninguno de los libros de la saga de “Maqrol El Gaviero” hubiese existido. La historia demuestra que los  horrores, angustias  y privaciones de la prisión pueden inspirar obras inmortales. No hay cárcel para la imaginación. Pocas veces puede afirmarse con mayor  razón,  que la literatura es liberadora.

*Abogado Universidad Santiago de Cali

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