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LOS INTOCABLES DE INDIA

“Creemos y así creamos monstros que invisibilizan el alma de pueblos enteros y hacen de sus cuerpos meros objetos destinados a la sumisión”.

 Por: MELINA ESPINOSA*

Cuando escuchamos hablar de “intocables” tendemos a pensar en todas aquellas personas que por razones de poder y privilegios se autoproclaman de esta forma, sin embargo, existe otro tipo de “intocables” para el caso, los pertenecientes a la casta dalit en India; el sistema de castas se rige por un orden establecido desde siglos atrás en el que se le otorga a cada indio un lugar inamovible dentro de la escala social; si por un lado las castas fueron abolidas en 1950 y por el otro,  muchas personas han renunciado al hinduismo para  pasarse  al catolicismo o al budismo, aún estas prácticas persisten dentro de las configuraciones cotidianas, finalmente lleva mucho tiempo para que una sociedad renuncie a  una conducta que le ha  acompañado durante siglos; la mayoría de dalit o “intocables”  viven en las zonas rurales, se encargan de recoger la basura y transportar cadáveres, sobreviven cada día con el equivalente a un dólar, son discriminados por el resto de la sociedad, no tienen derecho a beber agua de las fuentes donde los que están en las castas dominantes beben, las mujeres y niñas –en su mayoría- son explotadas sexualmente como devadasi o “sirvientas de Dios”, la mayoría de niños crecen en el analfabetismo; hoy por hoy la constitución de la india protege los derechos de los dalit, empero esto parece ser solo una consideración que no supera lo escrito, la realidad continua golpeando el rostro de todas estas personas aún prisioneras de las creencias; cabe preguntarse, entonces, ¿por qué un pueblo que padece en carne propia las vicisitudes derivadas de dichos procederes, continua trayendo al mundo niños que están condenados, no solo a seguir los pasos de sus padres, sino a soportar todo tipo de  maltratos? No hay una respuesta simple ante algo tan descomunal, sin embargo, diré que esto se debe a la capacidad –mal direccionada- con la que contamos los seres humanos, de naturalizar lo que sucede a nuestro alrededor, cuando digo que está mal direccionada me refiero puntualmente al hecho de que la hemos convertido en un sinónimo de la resignación, dicho de otra forma es como si naciéramos condenados a vivir la vida que nos tocó y en aras de ello se va creando una muralla de aceptación frente a las conductas claramente violentas, como lo son el hambre, la guerra, la displicencia, el egoísmo, entre otras; comunidades como ésta nacen resignadas y por ende aceptan ser aplastadas por otros que se han auto proclamado como superiores, simple y llanamente por su afán de dominio; es aquí donde la percepción y la experiencia se hacen inexistentes, para transformarse en una colectividad que ni escucha, ni entiende, pese a que están sumergidos dentro de una cotidianidad que va en detrimento de ellos mismos, por ende se requiere la voz de otras sociedades para que intervengan ante dichas problemáticas e intenten generar los debidos cambios y controles; Sofía Behrs solía decirle a su esposo León Tolstói, lo siguiente: empiezo a creer que si un hombre feliz se pone a ver de improvisto el lado espantoso de la vida, pero no tiene ya ojos para  ver el lado bueno, eso se debe a enfermedad. Nada más acertado que estas palabras para abrir un espacio de posibles cambios positivos conforme a los horrores del mundo, cuando nuestra percepción solo se direcciona a encontrar los monstruos que habitan dentro de algunos humanos se perpetua de alguna manera el horror, en cambio cuando logramos rescatar todos aquellos gestos que saben de bondad y mirar con atención la grandeza de muchos seres humanos, es cuando se logra pensar en la posibilidad de cambios a favor de las personas que  -como los dalit- están sumergidas dentro de contextos sofocados por la deshumanización; así como los intocables en India existen muchos grupos humanos que padecen bajo configuraciones sustentadas en creencias descabelladas, después de todo, se hace imposible pensar que cualquier dictamen -bien sea de orden divino o humano- que este encaminado a la destrucción de los otros sea viable o este necesariamente inscrito en el orden de la verdad; entonces, hay que comenzar por replantearse las nociones de naturalización y ordenamiento social.

 *Pintora. Cursó dos años de Historia (Universidad del Cauca). Estudiante de criminología. Bailarina profesional.

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