Find the latest bookmaker offers available across all uk gambling sites www.bets.zone Read the reviews and compare sites to quickly discover the perfect account for you.
Inicio / Opinión / NUESTRO DEFINITIVO ACUERDO COLOMBIANO EXIGE: ¡CONCIENCIA DE VIDA Y HUMANIDAD!

NUESTRO DEFINITIVO ACUERDO COLOMBIANO EXIGE: ¡CONCIENCIA DE VIDA Y HUMANIDAD!

Por: LUIS ALBERTO DÍAZ MARTÍNEZ *

PRINCIPIO

Los humanos somos conciencia de existir como energía del Cosmos en perpetua transformación y expansión, localizados en un rincón del cruce entre la Eternidad (Tiempo) y el Infinito (Espacio) de este Universo, uno más entre todos los Multiversos posibles. Así, al existir como Conciencia de Vida, la Vida en permanente creAcción es lo único que tenemos y de verdad importa; es nuestro mayor bien patrimonial. Y tanto mejor si junto a ella tomamos Conciencia de Ser Humanos, Conciencia de Humani_dad, porque Somos lo que Sabemos y Hacemos, y no las cosas o artificios que acumulamos. Se impone, pues, el mayor respeto por la vida de cada uno de nosotros y cada uno de los demás, así como exaltar que la diversidad étnica y cultural son nuestra raigambre e identidad esenciales. Por todo ello, debería quedar claro que la Vida humana no tiene precio, ninguno, y el dinero (más el imperio de las cosas que de él dependen) vale o debería valer muy poco, casi nada, o apenas lo mínimo necesario como instrumento de cambio, para satisfacer con suficiencia las necesidades básicas de todos, sin excepción alguna.

MEMORIA

En este siglo XXI llegó el momento de dejar de matarnos entre colombianos por cuenta del conflicto armado entre las FARC y las Fuerzas Militares de Colombia (como hemos visto que sí se ha podido a lo largo de buena parte del 2016, cuando ha cesado en gran medida la muerte de soldados, guerrilleros y civiles indefensos por su causa). Debemos terminar con la absurda y estúpida costumbre de considerar al opositor, al contrario, al otro (por pensar u obrar distinto), como un enemigo acérrimo al que hay que asesinar o eliminar a toda costa. Tenemos que recordar siempre cómo entre 1810 y 1819 empezamos matando al invasor español (del cual también provenimos) y al mismo tiempo durante la Primera Patria Boba que allí se dio iniciamos nuestro desangre fratricida. Y hasta 1903 (cuando perdimos Panamá al término de la Guerra de los Mil Días), durante todo el siglo XIX nos matamos entre colombianos por cuenta de casi 40 guerras civiles (declaradas y no declaradas) en nombre de la libertad, de Dios, de la tradición, del progreso, de las ideologías, de la familia, de la Ley, de la propiedad, de la Constitución: entre federalistas y centralistas, entre supremos, entre terratenientes y rebeldes, entre draconianos y gólgotas, entre gubernamentales y radicales, entre liberales y conservadores. Y fueron precisamente estos dos últimos bandos los que durante más de la primera mitad del siglo XX auparon y protagonizaron el desangre de la Violencia partidista, hasta cuando tras la dictadura prefabricada de 1953-1957, se da la desmovilización de las guerrillas liberales y se inicia la Segunda Patria Boba, la del Frente Nacional, en 1958. Luego, en plena Guerra Fría de las potencias imperiales durante la Posguerra, al inicio de la alternancia frentenacionalista de gobiernos excluyentes: primero liberal, luego conservador (y así sucesivamente durante 20 años), el mandatario conservador de turno ordenó bombardear –con el apoyo de la misma tecnología bélica gringa empleada contra la Vietnam comunista– a unas familias campesinas organizadas y autogobernadas al borde de la selva (y a las que alegremente bautizaron “repúblicas independientes”), allá donde no existía presencia del Estado, y así nacieron las FARC en 1964 y empezó esta última guerra de 52 años entre colombianos. Urge tener muy presente que todo ese ritual de infamia, odio, venganza y crímenes reciclados, se da por cuenta de unos pocos (junto a sus familias y relacionados de ámbito social, clan religioso, renglón productivo y secta partidista), quienes se creen mejores y con mayores derechos que los demás, y por lo tanto merecedores “naturales” de todos los privilegios que les concede el ser dueños de los poderes político, económico, mediático, militar y hasta “divino”, para definir el rumbo de la mayoría de la población en Colombia. De allí que no se detengan, una y otra vez, al pregonar una Democracia que es más una mafiocracia de “círculos selectos” en las que solo ellos caben (por eso en los clubes sociales o en las tribunas politiqueras donde alternan, unos y otros no han hecho otra cosa que inflarse como aves de carroña en la contabilidad festiva y perversa de las bajas y las muertes que en los montes de la guerra dejan los combatientes, los cuales sin excepción solo provienen de los estratos cero, uno, dos, tres y algunos del cuatro). Durante 200 años, esos mismos pocos privilegiados de siempre se han ido relevando unos a otros en los mandos del Estado colombiano, y como “tener poder es temer perderlo” todo el tiempo acuden a la exclusión, al ninguneo, a la hipocresía o la mentira para proteger y mantener de manera vitalicia su statu quo. Y por supuesto, también apelan al fariseísmo de declararse “los buenos”: “los impolutos” (según la valoración de sus Dioses, devociones y creencias acomodaticias), al rasgarse las vestiduras y plantarse la mano en el pecho como si fueran el “Pueblo Escogido” o el del “Destino Manifiesto”; al mismo tiempo que se auxilian con el “todo para mí nada para los demás”, con la solidaridad de cuerpo de sus mercenarios mediáticos y faranduleros, así como con el abrazo a la delincuencia o la ilegalidad de todo pelambre siempre revestida de legitimidad para contener cualquier asomo de protesta o reacción, mientras consideran a sus opositores casi que demonios o extraterrestres a quienes hay que aniquilar o exterminar como sea.

DECISIÓN Y COMPROMISO

En consecuencia, Nuestro Definitivo Acuerdo Colombiano exige sin dilaciones, la ¡Conciencia de Vida y Humani_dad! que debe permitir:

  • ¡La terminación verdadera y absoluta del conflicto armado entre las FARC y las Fuerzas Militares, y de todos los conflictos entre colombianos!
  • ¡El cese del odio y de la sed de venganza entre colombianos!
  • ¡El fin de la mentira o hipocresía, del robo y del asesinato o exterminio del otro o del contrario entre colombianos!
  •  ¡El desprecio del culto al atajo y al enriquecimiento fácil que alimenta la corrupción generalizada entre colombianos!
  • ¡El respeto a la diferencia de pensamiento y de opinión entre colombianos!
  • ¡La vigencia permanente de la práctica real –y no acomodaticia o fingida– de los Derechos Humanos entre colombianos!
  • ¡El derecho a una mayor equidad e inclusión entre colombianos!
  • . ¡El disfrute de una Vida plena en permanente creAcción! Y así, sucesi_va_mente…

Claro está, que en medio de un territorio abonado por la educación mediocre que impide la formación de individuos autónomos y librepensadores o de mente abierta, así como cualquier valoración sensata o crítica de nuestra realidad; y en el que la carrera desenfrenada y generalizada por la tenencia, multiplicación y acumulación de cosas inútiles con_sumo lujo de ostentación y despilfarro son una razón de ser en crecimiento exponencial para todos los estratos socioeconómicos; precisamente cuando la proliferación de las creencias espirituales del aquí y ahora en rebaño siguen pujando indulgencias aliviaculpas por las prioridades del más allá a como dé lugar; al mismo tiempo que la ecuménica industria del entreten_i_miento hace de las suyas una y otra vez con la calculadísima Fórmula 2F: Fútbol y Farándula a más no poder; pues los acólitos y gregarios secuaces de los dueños de los poderes político, económico, mediático, militar y hasta “divino”, siempre en el tránsito de aspirar a convertirse en el nunca jamás de su relevo postrero, no dejan de ser una masa creciente, mayoritaria y resistente a todo cambio que no sea sino el que permita que las cosas sigan igual o se mantengan en su habitual zona de confort y conveniencia acomodaticias y excluyentes. Amanecerá y veremos, porque de todas maneras siempre mañana será otro día.

* Escritor, editor y comunicador independiente. Editor de los pleriódicos culturales Caligrafías y Calidoscopio. Cogestor de EscritoresVallecaucanos.com

About Cali Cultural

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *