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PRESINTIENDO LA ROSA

Por: DANIEL POTES VARGAS*

La historia de la literatura tulueña permite ver que la creación poética se lleva el palmarés cuantitativo y en ocasiones el de lo cualitativo. Propio de la poesía es su carácter alígero, inasible, como comentaba Hermann Cohen abordando la poesía de Paul Valéry, en especial El Cementerio Marino. En Tuluá la novela, el cuento, el ensayo, la traducción y el teatro han tenido menos eclosión. Por ello, el poemario “Rosa presentida” del vate tulueño Walter Mondragón López muestra y demuestra una vez más la vocación versística de la villa del botánico Céspedes.

Con setenta y nueve poemas y bellas ilustraciones de diversos artistas pictóricos, la obra apareció editada por Grafiartes de Tuluá. Al lado del físico de partículas o del filósofo que lee los signos, los abecedarios y garabatos de la realidad, el poeta describe sus lecturas del mundo esencial y del fenomenológico. Es otra clase de rigor, que en nada se emparenta, al menos en apariencia, con la belleza de las ecuaciones que de algún modo parpadean con sus álgebras ante lo insondable del cosmos y de la extraña cotidianidad. Martin Heidegger en Hölderlin y la esencia de la poesía comenta “ponen los poetas el fundamento de lo permanente”. Quizás muchos podrían pensar que la fragilidad formal o de contenido algunas veces transforman al poeta en un ser ocioso e inútil. Antes los poetas aparecían en los festines de los poderosos de turno al lado de los enanos y los bufones. Hoy hacen el registro de la realidad polisémica del mundo. Al hablar del eterno eros del amor inacabable, Walter se ve en la posición de definir su trabajo como “un libro de amor en el cual hay ejercicios literarios escritos en diversas épocas”. Desde Imagen prístina, que es, el primero de los poemas hasta el breve dístico Fórmula mágica, que es el último que cierra el trabajo, hay una línea que es la misma que une a la estrella con el girasol. La otredad de la amada lo define ontológicamente a él mismo.

EXISTES, LUEGO SOY

La otredad nutre su seidad esencial y es porque existe la otra, la fontana amorosa con nombre propio cada vez que se entusiasma con la creación de un verso que no sale de la nada sino de la dimensión, del tejido universal y particular del amor. El mismo Heidegger, en un libro magistral, Sendas perdidas, complementa el ámbito de lo poético al decir: “La poesía nada dice directamente sobre el fundamento de lo existente, es decir, sobre el ser como aventura simplemente. La poesía nos dice indirectamente algo sobre la aventura, pues nos habla de lo arriesgado”.  La poesía no sólo es un trazo, un símbolo, un signo que se dibuja en lo efímero, en aquello que apenas nace se sepulta en la fijación del tiempo. No, es también esencialista. El poeta es otra forma del filósofo y el sabio, y el poema, un signo. Sus trasuntos escritos o declamados son las cenizas del instante. Barba Jacob decía que “Las cosas son la espuma del tiempo en nuestras manos”.

Por ello, esta “Rosa presentida” del poeta Mondragón López es un aporte esencial ya que el fondo es la piel, como en la expresión de Valéry. Si mostramos el universo al revés, ahí están el físico fundamental y el poeta para definir la complejidad de esa banda de Möebius, y ya Walter habría publicado con antelación otros trabajos poéticos de abordaje de la extraña realidad.  Finalmente, en este rastreo intrínseco y extrínseco del poemario de Walter, debo añadir las palabras de Wilhelm Dilthey en Vida y poesía “Es la relación entre la vida, la fantasía y la plasmación de la obra la que determina todas las cualidades generales de la poesía. Toda obra poética actualiza un determinado acaecer”.  El poeta pesca con su caña fantástica toda la flora y la fauna de los sentimientos y de alguna forma los eterniza en la vastedad del momento. Cada instante es un universo y el poeta navega como nauta de estrellas y también de sentimientos, sentimientos presentidos y moldeados como la rosa del poeta tulueño. Tuluá engrandece su cofre de altos valores poéticos con esta obra cuya presentación estuvo a cargo en el mítico Teatro Sarmiento de Tuluá de William Ospina y Julio César Londoño.

*Ensayista, narrador y traductor de textos literarios

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