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RESEÑA SOBRE LA FUNDACIÓN DE TULUÁ

BASADA EN LA OBRA DE JACQUES APRILE GNISET

Por: HAROLD MORA CAMPO*

El arquitecto urbanista francés y ex profesor de la Universidad del Valle Jacques Aprile Gniset en la obra objeto de esta reseña, presenta una especie de cuaderno de viaje, con unas sencillas pero rigurosas notas; tratando de dilucidar cómo y por qué se funda Tuluá, recurriendo a fuentes primarias de información (muchas de las cuales son anexos documentales del libro), refiriendo, descartando y validando las hipótesis que usualmente mencionan los historiadores sobre la fundación de Tuluá. El producto es este libro, consigna lo que el autor alcanzó a interpretar en algunos lugares visitados. El resultado es inigualable: Un caleidoscopio no sólo de Tulúa, sino del Valle del Cauca. La obra se estructura en once capítulos, en los cuales Aprile, al contrario de lo que piensa Thomas Carlyle, sostiene que el mundo no es la biografía de los grandes hombres sino una construcción colectiva. Para el caso, Aprile considera que la historia de Tulúa se construye colectivamente, como fruto de un esfuerzo, en principio un tanto insular de un poblado indígena, que poco a poco se fue alimentando de migraciones de otros lugares de Colombia, como manifestación de una exigencia de autonomía del sector social étnico de los mestizos. Este fenómeno surge como un cuestionamiento al poder de los españoles y a la legitimidad de su dominación religiosa, económica y política. Tulúa se convierte entonces en una ciudad indiana, en un reverso material de la ciudad de españoles, como Guadalajara de Buga.

En un primer momento Aprile toma como referente de contraste el proceso histórico de otras regiones del Valle, como Yumbo, Guacarí, Cali, haciendo acento en el caso y destino de Yumbo, donde en 1910, debido a un litigio originado por el  ferrocarril del pacifico, que necesitaba comprar tierras para abrir la carrilera, surgió un pequeño cabildo indígena.  Desde 1922 dicho municipio vendía las tierras cedidas en forma gratuita por la comunidad. En los años 30 los predios mencionados prácticamente se habían vendido a particulares y con ello entran en producción las minas de hierro, eternit, etc. Aprile señala algunos probables errores de historiadores, como que el pueblo de indios de Juan Lemos, no duró más de veinte años, dado que no existen pruebas contundentes de que existió realmente como estructura espacial urbana. Otro hecho señala que algunos historiadores buscaban una continuidad lineal urbanística y la persistencia de una sola aldea, cuando en realidad se evidencia la existencia sucesiva de por lo menos tres asientos; entre 1650 y 1750, así: La aldea rural de mano de obra de Lemos, en vía de extinción hacía 1670, correspondiente a un periodo que se prolonga hasta 1710, marcado por la colonización aborigen “cimarrona”; la reducción de indios de la corona, hacía 1710 -1740, caracterizada por el aumento de la presión del sector mestizo sobre tierras, el desarrollo de las pequeñas y medianas haciendas ganaderas y de trapiches; y la fundación urbana definitiva, que tuvo lugar entre 1741 y 1759, en las tierras del indio Aguilar, administradas por el cura párroco, y donde residieron españoles, criollos, mestizos, mulatos y libertos, situación que produjo la unidad del clero y los mestizos, permitiendo la liquidación de la comunidad aborigen entre 1759 y 1803 y su desaparición definitiva hacia 1830. Aprile afirma que la ciudad actual surge en el lugar actual, debido a la donación que un modesto parcelero aborigen llamado Diego de Aguilar Santacruz  efectuó a la parroquia en 1741. Por tanto, los socios fundadores de la ciudad fueron aquel y el administrador de las tierras, el cura Periañes, y el sucesor e impulsor de la Villa Manuel de Zuñiga. El autor de la obra analizada concluye que el caso de Tulúa es particularmente conflictivo, puesto que se convirtió en el blanco territorial más vulnerable de todos aquellos que buscaban asiento en dicha jurisdicción y de las nuevas capas sociales en formación o en ascenso, integradas por montañeses y españoles pobres, pequeños comerciantes urbanos en busca de inversiones y prestigio, mestizos, libertos, mulatos, entre otros, fenómeno que no se detuvo con la independencia. Desde ese entonces la nota constante de Tulúa ha sido ser un lugar de heterogeneidad étnica y social, condición que tal vez todavía mantiene en la actualidad.

*Abogado, Profesor Universitario

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