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SEUDOMODERNISMO E HISTORIA

Por: RICARDO LEÓN RAMÍREZ LASSO*

Seguramente los parisinos jamás permitirían la demolición de alguno de sus íconos más representativos (torre Eiffel, catedral de Nôtre Dame en la isla de Cité, el Museo del Louvre, el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos, entre otros), de hecho, fue una ciudad proyectada por Georges Haussmann en el siglo XIX, quien desde su cargo propuso una nueva ciudad, heredera de diseños barrocos de perspectivas y simetrías. Erigió el perímetro, abrió calles más anchas y rectilíneas, trasladó las estaciones de tren fuera del área urbana, conectadas por una trama racional, organizó nuevos parques, construyó numerosos edificios gubernamentales y planteó un moderno sistema de alcantarillado y abastecimiento de agua. Brasilia reemplazó a Río de Janeiro como capital en 1960. Fue una ciudad proyectada por el arquitecto brasilero Lucio Costa  acorde a la figura de un avión. Las dependencias gubernamentales harían parte del fuselaje, mientras las alas serían ocupadas por edificios de la zona residencial y embajadas. En la cabina se encuentra la plaza de los Tres Poderes, donde está la catedral diseñada por el arquitecto Oscar Niemeyer. Sin ir demasiado lejos, podría hablarse de San Francisco de Quito, Lima y otras tantas ciudades ricas arquitectónicamente, cuya historia aún prevalece (casi intacta) en el demoledor siglo XXI, tiempo aprovechado por ciertos urbanistas anacrónicos, políticos corruptos e ineptos y contratistas partícipes, quienes ávidos de dinero, imaginan, argumentan y estipulan que cemento y destrucción son modernismo. Es el caso de Santiago de Cali en el suroccidente colombiano. Una ciudad halagada en muchas oportunidades por el civismo de sus habitantes, su casco antiguo (siempre en demolición), la gastronomía típica y la belleza de sus mujeres. El hotel Alférez Real (de estilo renacentista francés) se construyó en 1929 sobre una superficie aproximada de 800 metros cuadrados. Cinco pisos, ciento treinta habitaciones, situado en un entorno de insuperable belleza. Un hotel que asombró al mundo hotelero colombiano, donde se alojaron personajes como el crítico inglés Thorton Wilder, el artista Douglas Fairbanks Jr., los expresidentes Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos. Su demolición se llevó a cabo en 1972 y nunca se dio una explicación digna a la ciudad. Hoy se levanta el parque de los poetas, un espacio esperpéntico en constante abandono. La construcción del antiguo cuartel del batallón de infantería Pichincha se inició en 1906 por el general Lucio Velasco Borrero y se terminó en 1932. Una edificación de estilo morisco, dos plantas con un amplio patio central, fachadas de ladrillo limpio y garitas del mismo material en las esquinas. Su demolición fue en 1965 para dar paso al Centro Administrativo Municipal (CAM) y la sede del Concejo Municipal, obras de ínfimo valor arquitectónico. El antiguo Palacio de San Francisco (edificio de la gobernación del Valle del Cauca) fue construido por el arquitecto Juan Pablo Bonarda, iniciado en 1928 e inaugurado en 1930. En los años sesenta del siglo XX fue demolido y se construyó la nueva gobernación (detrás del viejo edificio), cuyo fiel guardián (monumento en bronce elaborado en Francia en honor al reverendo padre Fray Damián González inaugurado el 22 de julio de 1910) también desapareció.  Por fortuna para la ciudad, algunas edificaciones han sido declaradas patrimonio de la nación, como el Palacio Nacional (monumento nacional el 25 de julio de 1977). Complejo religioso de la Merced (monumento nacional en febrero de 1975). Teatro Municipal “Enrique Buenaventura” (monumento nacional en junio de 2002). Puente Ortíz (monumento nacional en 1982). Edificio Otero (monumento nacional el 25 de julio de 1977). Teatro Jorge Isaacs (monumento nacional el 26 de noviembre de 1984). Lamentablemente, el puente de las Ciudades Confederadas (Anserma, Buga, Cartago, Caloto, Toro y Cali) ha sido la última demolición (abril de 2011), por el momento. Pareciera que a la ciudad no le doliera su desaparición. Ojalá no ocurra lo mismo con el colegio de la Sagrada Familia en el barrio El Peñón, ahora convertido en proyecto de hotel boutique. La historia no puede evaporarse así nomás, además la ciudad merece respeto. La nueva generación quizá no entienda porqué Santiago de Cali ha sido modificada de a poco, sin ningún consentimiento, ni orden establecido. Tal vez algunos amnésicos no saben que aquí nacieron o se educaron, otros con el tiempo perdieron el sentido de pertenencia por su ciudad. Sí, la ciudad que innumerables veces fue paradigma histórico y arquitectónico de la nación. Razón tenía Octavio Paz cuando proclamaba: “hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nos engendra y nos devora, nos inventa y nos olvida”. Sólo que acá el olvido parece eterno e irrespetuoso.

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One comment

  1. Bestriz

    Pues creo que se debe promulgar una ley nacional que prohiba la destrucción de cualquier tipo de construcción de sentido histórico para las ciudades, como puede permitirse este crimen histórico, acaban con la belleza, con el atractivo turístico, con nuestras raíces, que ignominia!!!, que recuperen y embellezcan , que fusionen lo antiguo con lo moderno, que falta de sentido de pertenencia.

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